«La poesía es la esperanza y la memoria de un pueblo»

La profesora de Educación Básica, magíster en Comunicación y editora del periódico poético El Queltehue, Giselle Sepúlveda (Puerto Varas, 1992), presenta su primer poemario “La Voz del Bosque”. La obra, gestada cronológicamente entre 2013 y 2025 bajo la influencia de la literatura japonesa y del poeta Gonzalo Millán —sobre quien realizó su tesis de grado—, se publicó tras adjudicarse un concurso en marzo con la editorial La Parada Poética. El volumen, cuya portada fue ilustrada por Paulette Beroíza, tendrá su hito de lanzamiento hoy, viernes 12 de junio, 17,30, en la Biblioteca Paul Harris de su ciudad natal.

El título de tu libro es La Voz del Bosque. ¿Cómo se aprende a escuchar el bosque y cómo se transforma esa escucha en inspiración para escribir?
Uno aprende a escuchar la voz del bosque observando y luego, escuchando los sonidos mientras te sumerges en el bosque o mientras el bosque te atrapa. Salir de uno mismo para apreciar lo que habita en el escenario del Sur: aves, animales, árboles, flores, agua, viento… y no solo ver y escuchar, sino también palpar, oler y sentir. Cuando nuestros sentidos están atentos a los detalles o a las visiones poéticas del bosque surge la inspiración para escribir, crear y hablar desde nuestra propia voz. En síntesis, escribir es un acto de habitar y trasladarse por el mundo buscando imágenes poéticas.

¿Cómo se vincula tu propia historia y tu vida en el sur con la naturaleza que aparece en tus poemas?
Crecí mirando el lago Llanquihue y sus volcanes, visitando la estación de trenes, el cerro Philippi y cada uno de los rincones verdes de Puerto Varas.

Luego, a los 25 años me mudé a Chinquihue, a un lugar alejado de la ciudad con un pedacito de bosque nativo, ahí comenzó mi curiosidad por conocer el nombre de los árboles, las flores y las aves silvestres, y además conocí a los gatos, gran inspiración de algunos de mis escritos. Viajé harto por el sur de Chile hasta la Patagonia y en cada viaje tomaba notas que luego se convirtieron en poemas. 

¿Cómo fue el proceso creativo y de edición para ordenar y dar sentido a estructuras tan distintas? ¿Cómo se define la estructura de tu libro? 
La creación de «La Voz del Bosque» duró más de 10 años, el lector al avanzar por el poemario se dará cuenta que hay un cambio en la forma de escritura, pues se observa una despersonalización del sujeto debido a la gran influencia en mi poesía de la literatura japonesa, específicamente, del haiku y también de quien es uno de mis poetas favoritos: Gonzalo Millán. Los poemas están ordenados cronológicamente, los primeros textos fueron escritos el año 2013-2014 y el último poema «Abril» fue escrito el año 2025. 

¿Cómo es el momento en que decides que la obra está lista? ¿Qué implica llegar a ese punto? 
Es difícil saber cuando un libro está listo, porque igual soy súper detallista y siempre considero que la obra puede mejorar. Me obligaron un poco a soltar el libro. En marzo de este año me gané un concurso para publicar «La Voz del Bosque» con la editorial La Parada Poética y todo lo que vino después ocurrió rapidamente. El proyecto de escritura tuvo varias ediciones, algunas veces cambiaba versos, otras quitaba poemas que ya no me representaban. Es importante señalar que la portada del libro fue ilustrada por Paulette Beroíza en el año 2023, en un trabajo en conjunto,  sosteniendo la visión de que el libro fuera publicado. 

¿Qué es la poesía y cuál es el rol que debe jugar hoy en la sociedad?
«Encontrarse con un alma que en algún remoto tiempo ya se había encontrado con la tuya…eso es la poesía», la poesía es una llama en el pecho, una forma de ver, un llanto ahogado, la ternura de mi gata, un ansiado abrazo, la esperanza y la memoria de un pueblo. El rol que debe tener en la sociedad es ser un canal de resistencia, un medio para sensibilizar sobre distintas experiencias ya sean traumáticas o no, un recolector de memorias y una vía de escape a este mundo tan veloz.

Lanzaste tu libro en Puerto Montt. Este 12 de junio será en Puerto Varas, en la biblioteca Paul Harris. ¿Qué significa lanzar un libro para ti?

Para mí es un orgullo presentar el libro en mi ciudad natal, lugar donde escribí mis primeros borradores siendo adolescente, sin la intención de ser publicados ciertamente. Presentar este libro es mostrar a los lectores mi mundo más íntimo y ese es el sentido final de la escritura llegar hacia los lectores y que los lectores sientan contigo, en una forma de reconocimiento.

Para adquirir el libro:

Al instagram@cledesol89 o @poesiaenlaaustral

En Santiago, a través de las redes sociales de La Parada Poética

Compartimos a continuación la reseña íntegra del libro escrita por 

Dr. Pedro Aldunate Flores
Docente Instituto de Especialidades Pedagógicas
Universidad Austral de Chile Sede Puerto Montt

Nota al pie sobre La Voz del Bosque de Clé de Sol. [Reseña]
Le pregunté: ¿Por qué escribir un libro?
Y Ella me dijo:
“Lo escribí para seducirte”
(Diálogo entre Clé de Sol y Pedro Puerto)

La Voz del Bosque (Santiago de Chile, 2026), es el primer libro de poesía publicado por
Clé de Sol, bajo el sello editorial de La Parada Poética Ediciones. El conjunto de textos
poéticos se abre con un epígrafe del poeta chileno Gonzalo Millán y con un prólogo de la
destacada poeta Teresa Calderón, quien propone lo siguiente: “Hay en este libro una
certeza que atraviesa cada página, incluso cuando no se nombra, la poesía como acto de
reconocimiento”.
El poemario contiene, principalmente, composiciones en verso libre, dos series de
haikus -con medida exacta de 17 sílabas métricas- y un conjunto de caligramas o poemas
visuales. Se trata, La Voz del Bosque , de la expresión de una poesía íntima, intimista,
nostálgica y casi trágica, pero sólo casi, pues muy pronto la identificación trágica -y su
marcado anclaje en el phatos del “yo”- se abre, más bien, a la contemplación casi
impersonal del afuera, retomando los gestos verbales de la poesía japonesa y del mismo
Gonzalo Millán.
Hay, sin duda, algo de existencialismo en los poemas iniciales de Clé de Sol (por
ejemplo, “Fuego”, “Ojalá, polvo estelar” y “Unilema”) y, en algunos fragmentos, se revela
la herida o la tragedia personal, pero desde ahí, surge una sobrecogedora apertura hacia
el afuera: la naturaleza o, más precisamente, el bosque con sus formas y misterios, el cual
constituye el espacio natural y simbólico que, en el imaginario del libro, configura un
vibrante mundo de resonancias verbales y visuales o una constelación de símbolos e
imágenes, como por ejemplo: “Hoy, quiero ser la voz del bosque / manifestarme por las
notas / de cada canto del chucao. / Sostenerme / como las raíces de los quietos coihues. /
Fluir, como las turquesas aguas / de cada cascada en el mundo. / Avanzar / como las ligeras
nubes por el cielo.”
Se trata de una visión poética ensoñada, pero singularmente lúcida, que se expande
desde lo íntimo del cuerpo hacia el afuera, donde se busca y encuentra una voz: una voz
naciente que se oye a sí misma en la espesura del bosque y que convierte al mismo bosque
en el escenario poético de una búsqueda trascendente, a saber: conocer o, mejor dicho,
reconocer el mundo a través de la misma palabra poética; palabra que también se asoma
al vacío o a la verdad pavorosa de la tumba: “El ataúd vacío sobre el cual lloraron.”, dicela hablante y, luego, concluye:
encuentre”.
“Y aquí sigo en el jardín / esperando que alguien me
De este modo, el espacio natural -aquí el bosque, pero también la muerte y los ojos,
por ejemplo-
, se presenta como motivo de la contemplación poética, donde se descubre
un misticismo secreto y acaso ingenuo -en el mejor sentido del término-, como las
palabras que se despliegan, en clave de elegía o en forma de consuelo místico, para su
gatita Nevy. Una voz que nace justo en el momento de la contemplación y que, en cada
paso, visión o poema, descubre la magnitud incomprensible del tiempo y, luego, la
presencia de la muerte. En este aspecto, se observa un poema sumamente lúcido y
dramático, sobre la muerte, que nos permite situar a Clé de Sol también en la extensa
tradición de las figuraciones, nombres y escenografías de la muerte en la poesía chilena:
el poema se llama “¿Cuánto demora la carne en ser corroída por las moscas?”
.
Se advierte, en La V oz del Bosque -y como un acierto poético y semiótico de la
construcción verbal y visual que instala Clé de Sol en su primer libro-
, el influjo de la
poesía lárica de Jorge Teillier y de los poetas de las aldeas del sur de Chile, pero más allá
de un post-larismo (que enfatizaría, más bien, el declive o tragedia de los lares o la huida
del sujeto hacia su propia aniquilación trágica), se observa un neo-larismo que, a su vez,
se relaciona, de forma muy inteligente y armónica, con la poética del haiku de Matsuo
Basho, con el creacionismo de Vicente Huidobro y, aún más explícitamente, con la poesía
de Gonzalo Millán, influencia que Clé de Sol reconoce desde el epígrafe del libro. Debo
destacar, además, que Clé de Sol se ha dedicado a investigar la poesía de Millán, en sus
estudios de Magíster en Comunicación en la Universidad Austral de Chile. En suma, estas
tendencias poéticas o estéticas literarias permiten ubicar este libro también en la línea de
una poesía visual; en efecto, el libro posee algunos caligramas y dos series de haikus donde
la imagen trazada es el recurso retórico y semiótico más constante y logrado.
Podemos hablar, en suma, de una poesía neo-lárica y visual -que nos transporta al
espacio natural, secreto e insondable del bosque o los bosques del sur de Chile-, pero
también de una poesía independiente, escrita al margen de los fondos concursables y del
tufo rancio de sus argumentaciones y, por lo tanto, una poesía resistente y de la
resistencia: una poesía menor y de un pueblo menor, sin duda, nosotros mismos, desde el
marco conceptual de Deleuze-Guattari; pero, por sus referencias o marcos intertextuales,
también una poesía popular (el haiku es un género universalmente popular) y al mismo
tiempo culta (la métrica exacta de los haikus constituye un saber culto y tradicional) y,
en estos ejemplos, la escritura de Clé de Sol es particularmente sutil y reveladora.
Situamos, en consecuencia, esta poética emergente en la tradición lárica-
teillieriana; en su relación con la escritura de origen japonés del haiku y de sus variantes-en el libro también hay poemas más extensos que despliegan la misma esencia y
visualidad que se conecta con Basho e incluso otras escuelas poéticas orientales más
antiguas-; pero también con la configuración de una poesía visual (desde Huidobro y
Millán); y también, de una poesía menor , de un pueblo menor -el mundo desde la voz de
bosque o desde las aldeas del sur de Chile-, es decir, una poesía de la resistencia o de la
resistencia por y mediante la poesía, lo cual apunta también al trasfondo político de la
poesía de Clé de Sol: porque también hay que decirlo, en Ella y, a través de este libro, se
manifiesta una voluntad y una voz política, más fuerte aún, porque quien nos habla es una
mujer y porque, desde la ficción poética, Clé de Sol logra construir un espacio que es el
escenario concreto y simbólico para la enunciación de su propia voz, es decir, gesto
poético y político a la vez.
Poesía libre y que recurre a formas libres, para poder soportar, sí, el frío de
existencia y para reconocer aquello que el tiempo tal vez borró: la certeza de los
encuentros y el enigma de las resonancias, en un espacio que todavía persiste en ser eterno
o mítico: el bosque, la voz y la propia poesía como “acto de reconocimiento”. Así, en el
fondo de estas visiones subyace y acaso trasciende un alma, es decir, su alma: alguien que
se ha encontrado con la poesía y que se descubre en la poesía. Eso es precisamente la
poesía, como nos dice el sujeto en uno de sus fragmentos más transparentes y profundos:
“Tocar el fondo de un alma / que en algún tiempo remoto / ya se había encontrado con la
tuya / ¡eso es la poesía!”.
En síntesis, poesía del sur de Chile, neo-lárica y visual, independiente y popular;
poesía culta y tradicional -la influencia del haiku japonés-; poesía creacionista, poesía de
la contemplación y poesía natural; poesía íntima -erótica, existencial, trágica y mística-;
poesía menor y de la resistencia; y, por todo lo anterior, una poesía transparente y
trascendente que, sin duda, ya tiene su lugar en la historia de las figuraciones poéticas del
sur del mundo.
En conclusión… Yo he visto todo aquello y mucho más. Yo soy testigo de la luz
de la poesía que nos permite reconocer, acaso, la verdad de la mirada: “Era un otoño más
en abril / cuando atravesamos el portal / cegados por el reflejo / de un universo secreto /
y sin importar el miedo / ignoramos el huracán / y volvimos a empezar. […] La luz de tus
pupilas / relampaguea esta noche / dejando entrever las cicatrices del bosque / el dolor y
su resistencia / la oscuridad necesaria / para renacer / como espinas / en un rosal.”

Pedro Puerto
18 de mayo, 2026.