Cuando las historias importan: PechaKucha busca consolidar un nuevo espacio cultural en Puerto Varas

Nacido en Tokio hace 23 años y presente en más de 1.300 ciudades del mundo, el formato 20×20 realizará su segunda edición local apostando por relatos personales, conversación y comunidad, este 18 de junio en Puerto Colono. 

Hay formatos que nacen para resolver un problema técnico y terminan transformándose en fenómenos culturales. Eso ocurrió con PechaKucha, iniciativa creada en Tokio en 2003 por los arquitectos Astrid Klein y Mark Dytham, quienes buscaban una manera de evitar las largas e interminables presentaciones del mundo del diseño. Su solución fue simple: 20 imágenes, 20 segundos cada una. Seis minutos y cuarenta segundos para contar una historia. Ni un segundo más.

El nombre proviene del japonés y puede traducirse como “conversación” o “cháchara”. La filosofía detrás del formato también es sencilla: menos texto, más imágenes; menos discursos, más historias. Lo que comenzó hace más de dos décadas en el espacio creativo SuperDeluxe, en el barrio de Roppongi, terminó expandiéndose a más de 1.300 ciudades alrededor del mundo, con miles de eventos realizados cada año.

Desde marzo de este año, Puerto Varas forma parte de esa red global.

La ciudad vivió su primera edición local de PechaKucha con cerca de 200 asistentes, una cifra significativa para un formato prácticamente desconocido hasta entonces en la zona. Su segunda versión se realizará este miércoles 18 de junio en Puerto Colono, nuevamente con doce expositores y una programación que combina presentaciones breves, música y espacios de conversación.

Detrás de la iniciativa está Carlos Bravo, quien obtuvo la licencia oficial para la ciudad luego de conocer el formato años atrás en Viña del Mar. Radicado hace cerca de cuatro años en Puerto Varas, explica que el proyecto surgió como una forma de aportar a una ciudad que —según dice— le ha entregado una nueva forma de entender la vida.

“Me tomó más de 3 años ver qué podía hacer yo por una ciudad que en lo personal me ha aportado mucho, desde su gente, la naturaleza que la envuelve, y lo mucho que he aprendido ya a los 50 años de cómo se puede vivir una vida con un sentido más profundo”, señala.

Pero si algo distingue a PechaKucha es que no se trata de un escenario reservado para expertos o figuras consolidadas. El foco está puesto en las personas y en las historias que existen detrás de los proyectos.

“Todos tenemos una historia detrás que es digna de contar”, afirma Bravo.

La premisa es deliberadamente distinta a la lógica habitual de conferencias y seminarios. No se busca vender productos ni exhibir éxitos. El interés está en los procesos, los tropiezos y las motivaciones que dan origen a iniciativas personales, emprendimientos o trayectorias de vida.

“Una de las formas más fáciles de conectar con una audiencia es hablar de lo que no sabes hacer, de lo que te ha salido mal, porque finalmente es ahí donde le achuntas a la empatía”, sostiene.

Esa dimensión humana aparece de manera recurrente en el relato del organizador. Más que una plataforma para triunfos, PechaKucha se presenta como un espacio donde el valor está también en el camino recorrido.

“Cómo te paras, te limpias la rodilla y sigues adelante es una de las historias más potentes que yo creo que puedes contar para conectar corazón a corazón con la gente”, agrega.

El poder de las imágenes

El formato 20×20 no es arbitrario. Fue diseñado para obligar a sintetizar ideas y privilegiar la narración visual. Cada presentación dura exactamente 400 segundos, mientras las imágenes avanzan automáticamente, sin posibilidad de detenerse o retroceder. La lógica es “hablar menos y mostrar más”, principio que los creadores del formato resumieron precisamente así: “More show. Less tell”.

En ese esquema, las imágenes cumplen un rol central.

“Mientras más honestas sean las imágenes, más transmiten. Cuando muestras una imagen borrosa de los años 70, cuando eras chico, yo creo que estás transmitiendo muchísimo”, explica Bravo.

No es casual que el formato haya trascendido el mundo del diseño y hoy se utilice en universidades, empresas, comunidades creativas e incluso organizaciones sociales. La estructura obliga a construir un relato y mantener la atención de la audiencia.

Un espacio para la conversación

Otro rasgo distintivo es que la interacción ocurre fuera del escenario. A diferencia de conferencias tradicionales, las preguntas no se realizan durante la presentación. El encuentro sucede después, alrededor de mesas, barras y conversaciones informales.

“No hacemos pausas para preguntas y respuestas. Toda la interacción se da después en torno a una barra, un sándwich, a la conexión más directa con los speakers”, explica el organizador.

En tiempos dominados por algoritmos y redes sociales, el éxito de la primera edición pareció revelar una necesidad menos visible: la de encontrarse presencialmente para escuchar historias ajenas y conversar.

“Habitamos el mismo espacio y resulta que hay distintas visiones para lo mismo”, reflexiona Bravo.

El proyecto contempla realizar nuevas ediciones durante septiembre y noviembre. A futuro, incluso imagina una versión al aire libre y otra orientada a niños y jóvenes.

“Para mí PechaKucha vino para quedarse y si algún día yo no estoy acá, tendrá que seguir porque es un evento para Puerto Varas”, afirma.

La segunda edición de PechaKucha Puerto Varas se realizará este miércoles 18 de junio a las 18:30 horas en Puerto Colono, en la costanera de la ciudad.

Más información del evento y entradas en

https://www.instagram.com/pechakuchapuertovaras/

 

Entrevista con Carlos Bravo en programa PUERTOS.