Una familia para crecer: el llamado urgente y esperanzador de Los Lagos. Por Javier Romero Cigarroa, Director (s) del Servicio de Protección Especializada ala Niñez y Adolescencia, Región de Los Lagos
En el sur solemos reconocernos por ser acogedores, vivir en familia y en comunidad: la mesa compartida, el cuidado colectivo frente a las dificultades y la convicción de que nadie debiera enfrentar solo los momentos más complejos. Sin embargo, existe una realidad silenciosa que hoy interpela profundamente esa identidad. En la Región de Los Lagos, decenas de niños, niñas y adolescentes viven en residencias de protección mientras esperan algo tan esencial como transformador: el cuidado, la estabilidad y el afecto de una familia de acogida.
Hoy, más de 170 niños, niñas y adolescentes esperan una familia de acogida en nuestra región: 78 corresponden a la provincia de Osorno, 63 a Llanquihue, además de Chiloé y Palena.
Detrás de cada cifra hay una historia. Hay niños provenientes de comunas como Osorno, Puerto Octay, Río Negro o San Juan de la Costa; de Puerto Varas, Los Muermos, Calbuco, Fresia o Llanquihue; de Ancud, Castro, Quellón y Dalcahue; de Palena, Hualaihué o Futaleufú. Ellos son parte de nuestras comunidades y de nuestra historia regional.
La evidencia es clara: crecer en un entorno familiar, aunque sea temporalmente, favorece el desarrollo emocional y social de niños y niñas de una manera imposible de sustituir. Ninguna residencia, pese al compromiso de sus equipos y de los recursos con los que cuente, puede reemplazar completamente la experiencia de una sana crianza en familia, independiente de su conformación.
Por eso desde el Servicio de Protección impulsamos la campaña “Familias de Acogida por aire, mar y tierra”, un nombre inspirado en la geografía y la identidad de Los Lagos. Porque vivimos en un territorio con abundantes islas, penínsulas, ríos, lagos, montañas, por lo que conectarnos físicamente es difícil, debiendo recorrer largos trayectos terrestres, navegar e incluso volar; y por eso queremos que este llamado llegue a todos los rincones, por todos los medios que tenemos para conectarnos, cruzando fronteras físicas y emocionales para movilizar solidaridad y compromiso.
Chile aún no ha construido plenamente una cultura del acogimiento familiar. Acoger sigue siendo, para muchas personas, una experiencia desconocida y atemorizante. Sin embargo, quienes han dado ese paso saben algo fundamental: abrir un espacio en su hogar puede cambiar la historia de un niño, niña o adolescente y transformar su vida para siempre, hacer que un cuento que tuvo un comienzo triste termine con un final feliz. En efecto, en todo cuento de antes de dormir podemos entender que quienes dieron amor, así también lo recibieron, no habiendo frase más hermosa que un “vivieron felices para siempre”.
