“El Parque no es algo ajeno a Ensenada: forma parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra identidad”

La Colmena Eco Lodge es una casona sustentable levantada en el bosque nativo de Ensenada, en la ladera del volcán Calbuco, a partir de la reutilización de materiales y con sistemas de energía solar y recolección de aguas lluvia que permiten reducir el impacto de su operación. El proyecto nació de la experiencia de su propietaria, Maria Victoria Bianco, quien durante más de diez años vivió y trabajó en distintos lugares del mundo, desde Nepal hasta Ecuador, antes de echar raíces en esta localidad de la comuna de Puerto Varas. Con habitaciones, espacios de encuentro, gastronomía, bienestar y experiencias vinculadas a la naturaleza, La Colmena busca funcionar como una casa abierta a viajeros y, al mismo tiempo, como un emprendimiento arraigado a Ensenada, localidad estrechamente vinculada al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo de Chile y que este año cumple 100 años. Desde esa experiencia, Maria Victoria Bianco aborda el papel que pueden cumplir las comunidades cercanas al Parque en la forma de recibir a quienes llegan, relacionarse con el territorio y contribuir a su cuidado.

 

¿Cómo nació La Colmena?

La Colmena nació mucho antes de existir físicamente. Nació de años de andar por el mundo y de una idea bastante simple: crear un espacio para viajeros, en sintonía con el entorno.

Fui nómade durante más de diez años y viví en lugares muy distintos, muchos de ellos remotos, en distintas partes del mundo, desde Nepal a Ecuador. En ese camino trabajé y conviví con familias, escuelas y comunidades, y fui aprendiendo cómo cada territorio encuentra sus propias soluciones: cómo se construye según el clima, el agua, los recursos disponibles y las necesidades concretas de cada lugar.

Ahí entendí que había otras maneras de vivir y de construir. Menos automáticas, más manuales, más conscientes y más conectadas con los ritmos de la naturaleza.

Cuando llegué a Ensenada quise llevar todo eso a una casa propia. La idea era hacer algo pequeño, sustentable, utilizando materiales reciclados y aprovechando lo que había disponible, tener un espacio donde practicar mis artes, y al mismo tiempo crear un lugar donde recibir viajeros, como tantos hogares me recibieron a mí durante años de andar.

Después, como suele pasar, me entusiasmé.

Y de a poco ese proyecto fue creciendo hasta convertirse en La Colmena.

¿Por qué se llama La Colmena? ¿Qué significa para ustedes ese nombre?

La Colmena se llama así porque desde el principio la imaginé como un espacio vivo y colectivo. Un lugar donde cada persona llega con lo suyo, donde distintas historias se cruzan y, por un rato, conviven.

También tiene que ver con el hacer: con ese ritmo constante de construir, crear, reparar, cocinar, recibir, cuidar, cultivar, aprender. Pero no hacer por hacer, sino con sentido.

Y después está la idea de refugio. Para mí una colmena también es eso: un lugar al que se llega, donde hay calor, movimiento y comunidad.

Después de tantos años viajando, tenía sentido crear un espacio donde otros pudieran llegar, sentirse recibidos y parar un rato.

Hogar dulce hogar, como una colmena

¿Para qué crearon La Colmena?

La Colmena fue creada para recibir. Para ofrecer a otros viajeros algo de lo que yo misma encontré tantas veces en el camino: un lugar donde llegar, descansar, compartir y sentirse parte de algo, aunque sea por unos días.

Pero también nació con la intención de llevar a la práctica otra manera de construir y habitar: más atenta al entorno, a los recursos disponibles, al clima y a los ritmos del lugar.

Y, sobre todo, como un espacio de aprendizaje. De ir probando, adaptando, equivocándonos y encontrando soluciones que hagan sentido acá, en este territorio.

¿Qué experiencia quieren que viva una persona durante su estadía?

Para mí, las personas que llegan a La Colmena lo son todo. Me preocupo mucho por que estén bien, que se sientan a gusto, que disfruten del mas rico desayuno, que tengan lo que necesitan y que realmente disfruten su estadía.

Y después pasan cosas que no se pueden programar: conversaciones largas, guitarreos, asados, encuentros que terminan siendo memorables.

La verdad es que calculo que también hago todo esto bastante para mí, porque la paso bien. Me encanta conversar con gente que viaja, que descubre, que tiene curiosidad por entender otras culturas, otros lugares, otras formas de vivir.

Ese intercambio me parece profundamente enriquecedor. Y creo que eso es lo que más quisiera que alguien viva en La Colmena: no sólo una buena estadía, sino un encuentro.

¿Qué significa el bosque para La Colmena?

El bosque es parte de todo. No es el paisaje alrededor de La Colmena: es el lugar que habitamos.

Marca el clima, la luz, los sonidos, los ritmos, la humedad, la forma de construir y también la forma de vivir acá. Te obliga a observar, a adaptarte y a entender que no controlás todo.

Para mí también es una presencia muy fuerte. A veces refugia, a veces abruma, a veces te deja sin palabras. Pero siempre está.

Y creo que una parte importante de La Colmena tiene que ver justamente con aprender a convivir con eso: con una naturaleza que no está puesta para nosotros, sino de la que somos parte.

¿Qué significa Ensenada para La Colmena?

Ensenada es casa. Es el lugar donde La Colmena echó raíces y donde todo empezó a tomar forma de verdad.

Para mí tiene una identidad muy fuerte. Es bosque, volcán, lago, lluvia, comunidad, historia, trabajo, esfuerzo y una relación cotidiana con el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales: con los ríos, con los lagos, con las historias y sus personas y personajes.

La Colmena no podría existir igual en otro lugar, porque está hecha en diálogo con este territorio. Y por eso también siento una responsabilidad: que el turismo no pase por encima de Ensenada ni la convierta solamente en un punto de paso, sino que ayude a reconocerla, valorarla y fortalecer su identidad.

Me importa que quien venga a La Colmena entienda que no está simplemente “cerca del parque”. Está en Ensenada. Y eso significa algo.

¿Qué relación quieren construir con el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales?

Queremos construir una relación de cercanía, respeto y responsabilidad.

El Parque no es algo ajeno a Ensenada ni un atractivo que está “allá”. Forma parte de nuestra vida cotidiana, de nuestra identidad y también de gran parte de la actividad turística de la zona.

Para La Colmena, la relación con el Parque debería ir más allá de visitarlo o recomendar senderos. Queremos ayudar a que quienes llegan entiendan dónde están, qué significa este territorio, cómo cuidarlo y por qué es importante relacionarse con él de una manera consciente.

También me interesa que esa relación sea más integrada con la comunidad local. Que Ensenada no sea solamente una puerta de entrada al Parque, sino una comunidad que participa, cuida y tiene voz en la manera en que ese territorio se vive y se proyecta.

Por eso me gusta mucho la idea de Ensenada como una comunidad guardiana del parque.

No desde la apropiación, sino desde la responsabilidad.

¿Qué lugar ocupa la naturaleza en la experiencia que quieren ofrecer?

La naturaleza ocupa un lugar central, pero no como escenario ni como producto.

Está en todo: en cómo se siente el lugar, en cómo dormís, en lo que ves por la ventana, en la lluvia, el bosque, el volcán, el lago, los sonidos, los cambios de luz.

Lo que queremos ofrecer es la posibilidad de acercarse a esa naturaleza sin tanta intermediación. No necesariamente haciendo grandes actividades todo el tiempo, sino también aprendiendo a observar, a escuchar, a bajar el ritmo y a dejarse afectar por el lugar.

Y después están esos momentos que son casi imposibles de explicar hasta que los vivís.

¿Sabés lo que es estar metida en una tina a 38 grados, rodeada de bosque, con las piernas estiradas, la panza mirando a la luna y a las estrellas? Los árboles oscuros alrededor, las hojas moviéndose arriba tuyo, el vapor, el silencio…

Eso también es naturaleza. Y es intensísimo.

¿Qué tipo de turismo quieren aportar a Ensenada y a la zona?

Queremos aportar un turismo de menor escala, más consciente y más conectado con el territorio.

Nos interesa que quien venga no pase simplemente por Ensenada camino al Parque, sino que se quede, conozca, converse, consuma local, contrate servicios de acá y entienda un poco mejor dónde está.

También creemos en un turismo que distribuya mejor sus beneficios. Que fortalezca a los emprendimientos locales, que genere trabajo, que valore los saberes del territorio y que no termine borrando justamente aquello que hace especial a Ensenada.

Para nosotros la sustentabilidad también pasa por ahí: por encontrar una forma de recibir visitantes sin perder identidad, sin sobrecargar el lugar y haciendo que el turismo tenga sentido para quienes vivimos acá.

 

¿Cómo se imaginan La Colmena en diez años?

Me la imagino más madura, más autónoma y todavía más integrada al lugar.

Seguramente habrá cambiado mucho: más eficiencia energética, más producción propia, más soluciones construidas desde la experiencia, más vínculo con productores y personas de la zona. Pero no me interesa que crezca por crecer ni que se transforme en algo enorme.

Quiero que siga siendo reconocible. Que conserve esa mezcla de casa, refugio, encuentro y laboratorio de aprendizaje que tiene hoy.

Y ojalá que en diez años La Colmena no sólo esté más sustentable, sino también más arraigada a Ensenada, aportando al territorio y formando parte activa de una comunidad que cuida lo que tiene.

 

Más información

https://lacolmenaecolodge.com/

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