«Cuando una ciudad crece rápidamente, el desafío no es solamente construir más, sino construir mejor»
Frente a la acelerada expansión residencial en la cuenca del lago Llanquihue, la arquitecta Lorena Cárcamo Navarrete, fundadora de LOVIVO, propone un enfoque técnico y consciente que adapta la vivienda al clima y la geografía del sur. A través de un proceso constructivo que mitiga la incertidumbre del cliente, su oficina integra la materialidad local y la luz natural bajo la firme convicción de que la arquitectura no se trata solamente de construir espacios, sino de construir la vida que ocurrirá dentro de ellos.
¿Por qué decidieron llamar a la oficina «Lo Vivo»? ¿Qué encierra ese concepto y cómo se traduce en la arquitectura que hacen hoy?
Lovivo nace de una manera muy personal de entender la arquitectura: como algo que se vive. El nombre habla de la experiencia, de las emociones, de los lugares y de las historias que se construyen dentro de cada proyecto. También conecta con algo muy propio de nuestro entorno: la naturaleza viva, el paisaje, la lluvia, el bosque, el lago, el sol; elementos que están constantemente presentes y que forman parte de cómo entendemos el habitar.
Ese concepto hoy se traduce en una arquitectura muy conectada con las personas y con el lugar donde se inserta. Nos interesa diseñar espacios que respondan a cómo vive cada familia, a sus rutinas, a sus formas de reunirse, descansar o compartir. Buscamos que cada proyecto dialogue con su entorno, aproveche las vistas, la luz, el clima y el paisaje, generando espacios que no solo funcionen, sino que también se sientan.
Más que diseñar casas, buscamos crear experiencias de habitar. Porque creemos que la arquitectura no se trata solamente de construir espacios, sino de construir la vida que ocurrirá dentro de ellos.

¿Qué buscan provocar en las personas cuando habitan uno de sus proyectos? ¿Cómo las personas experimentan los lugares?
Más que provocar algo específico, buscamos que las personas sientan que el proyecto realmente les pertenece. Que cuando entren a su casa sientan que fue pensada para ellos, para su forma de vivir, sus rutinas, sus gustos y la manera en que imaginan su día a día.
También buscamos que exista identidad. Creemos que una vivienda debe sentirse propia y distinta, porque cada familia vive de manera diferente. Por eso entendemos cada proyecto como un proceso personalizado, evitando repetir soluciones iguales y tratando de responder a las necesidades particulares de quienes van a habitar ese espacio.
Creemos que las personas experimentan los lugares mucho más allá de lo visual. Los espacios se viven a través de la luz que entra en la mañana, la relación con el paisaje, los sonidos de la lluvia, las vistas, la materialidad, la sensación de amplitud o de refugio. Son pequeñas experiencias cotidianas las que finalmente construyen la forma en que habitamos.
Porque al final, la arquitectura no termina cuando se construye; recién comienza cuando empieza a ser vivida.

¿Qué diferencia existe entre construir una casa y el desafío de crear un lugar para vivir?
Construir una casa y crear un lugar para vivir pueden parecer lo mismo, pero para nosotros son procesos muy distintos. Construir una casa puede resolver estructuras, metros cuadrados o sistemas constructivos; crear un lugar para vivir implica diseñar pensando en las personas, en cómo habitan y en las experiencias que ocurrirán dentro de ese espacio.
La construcción finalmente materializa un proyecto, pero creemos que el diseño es lo que le entrega identidad, carácter y sentido. De cierta forma, el diseño es el alma del proyecto: aquello que transforma una estructura física en un lugar con significado para quienes lo habitan.
El desafío está en entender cómo viven las personas, cuáles son sus rutinas, qué relación quieren tener con el paisaje, con la luz, con los espacios comunes o con la intimidad. Son esas decisiones las que terminan construyendo pertenencia.
Porque una casa puede construirse en un período determinado, pero un lugar para vivir comienza a construirse mucho antes y continúa transformándose todos los días.

¿Qué elementos de la región de Los Lagos consideran fundamentales e innegociables al momento de proyectar en la cuenca del lago Llanquihue?
Proyectar en la cuenca del lago Llanquihue implica entender que el entorno no es solamente un contexto: es parte fundamental del proyecto. Hay elementos que para nosotros son difíciles de ignorar, como la relación con el paisaje, la orientación solar, los vientos, las lluvias, la topografía y las vistas, porque terminan condicionando directamente cómo se habita un espacio.
También creemos que es importante comprender la identidad del lugar. La Región de Los Lagos tiene una relación muy fuerte con la naturaleza, la madera, la lluvia, el bosque, los volcanes y el agua, y nos interesa que la arquitectura dialogue con esos elementos más que competir con ellos.
Muchos de nuestros proyectos buscan aprovechar las pendientes, abrirse hacia las vistas, capturar mejor la luz natural, protegerse del viento o generar espacios más resguardados del clima, porque entendemos que diseñar aquí significa trabajar con el territorio y no contra él.
Más que imponer una arquitectura sobre el paisaje, buscamos que cada proyecto se sienta parte de él.

¿Cómo logran en «Lo Vivo» el equilibrio entre capturar el espíritu del entorno sureño y proponer diseños modernos, eficientes y flexibles?
Creemos que lograr ese equilibrio parte por entender que rescatar el espíritu del sur no significa repetir fórmulas o replicar arquitecturas tradicionales de manera literal. Para nosotros se trata más bien de interpretar el lugar: comprender el clima, el paisaje, la materialidad, las formas de habitar y la relación que existe con el entorno.
Desde ahí aparece el diseño contemporáneo. Nos interesa proponer espacios más abiertos, funcionales, eficientes y adaptables a las necesidades actuales, incorporando nuevas tecnologías, sistemas constructivos, materiales y soluciones que permitan mejorar la experiencia de habitar.
También entendemos que las formas de vivir van cambiando constantemente. Las dinámicas familiares, el trabajo remoto, la flexibilidad de los espacios y las nuevas maneras de usar la vivienda hacen que la arquitectura también tenga que evolucionar.
En Lovivo buscamos que cada proyecto encuentre ese punto medio: una arquitectura que se sienta conectada con el sur, pero que al mismo tiempo responda a cómo vivimos hoy y cómo probablemente viviremos mañana.
¿Cómo ha cambiado la relación entre las personas y el lugar que habitan durante los últimos años? ¿Qué busca hoy quien decide levantar su hogar en el sur?
Creemos que la relación entre las personas y el lugar que habitan ha cambiado bastante durante los últimos años, porque también cambió la forma en que vivimos. La vivienda dejó de ser solamente un lugar para llegar a dormir y comenzó a transformarse en un espacio mucho más flexible: hoy se trabaja, se comparte, se descansa, se recibe gente e incluso se desarrollan actividades que antes ocurrían fuera de la casa.
Eso se traduce también en cómo diseñamos. Muchos espacios fueron cambiando: aparecen oficinas o espacios de trabajo, áreas más versátiles y plantas más integradas. Al mismo tiempo, ciertos espacios siguen manteniendo un rol importante, como la cocina, especialmente en el sur, donde continúa siendo un punto de encuentro y reunión familiar.
Respecto a quienes deciden construir su hogar en el sur, creemos que existe una búsqueda muy clara: mayor conexión con la naturaleza, tranquilidad, más espacio y una forma de vida distinta. Muchas personas buscan salir de ritmos más acelerados para acercarse a una vida más pausada, donde el paisaje, las vistas, el bosque, la lluvia y el entorno comienzan a formar parte de la experiencia cotidiana.
Hoy vemos que quienes llegan al sur no solamente buscan construir una casa; buscan construir una manera distinta de vivir.

Puerto Varas y las comunas aledañas están viviendo una expansión muy acelerada. ¿Qué desafíos enfrenta la arquitectura cuando una ciudad crece rápidamente? ¿Qué responsabilidad tienen los profesionales frente a estas transformaciones?
Cuando una ciudad crece rápidamente, el desafío no es solamente construir más, sino construir mejor. Hoy vemos que muchas comunas del sur están experimentando transformaciones importantes: mayor llegada de personas, expansión hacia sectores rurales, nuevas parcelaciones y una demanda habitacional que crece constantemente. Eso genera oportunidades, pero también desafíos importantes para el territorio.
Creemos que uno de los mayores desafíos está en cómo enfrentar este crecimiento sin perder calidad de vida, identidad ni la relación con el entorno que precisamente hace atractivo vivir en el sur. El crecimiento acelerado también tensiona infraestructura, conectividad, servicios y la forma en que ocupamos el territorio.
Como profesional, creo que existe una responsabilidad importante en entender que muchas personas hoy no solo buscan construir una vivienda, sino una forma distinta de habitar. En muchos casos, vivir en una parcela también abre la posibilidad de desarrollar dinámicas más autónomas: aprovechar mejor el terreno, incorporar huertas, generar espacios productivos, utilizar más el exterior o desarrollar actividades que permitan una relación más directa con el lugar donde se vive.
Acompañar este crecimiento también implica pensar viviendas que permitan formas de vida menos dependientes, más conectadas con el territorio y que aprovechen las oportunidades que el propio entorno entrega. Probablemente el crecimiento seguirá ocurriendo. El desafío está en cómo participar de ese proceso de manera consciente, para que el desarrollo no termine perdiendo aquello que originalmente hizo atractivo vivir en el sur.

Ustedes proponen que el cliente debe «disfrutar y vivir todo el proceso» del diseño. ¿Cómo se logra desmitificar que construir es un proceso de alto estrés y transformarlo en una experiencia disfrutable?
Construir seguirá siendo un proceso importante, con decisiones, tiempos, presupuestos y etapas que naturalmente pueden generar ansiedad. Más que pensar que el estrés desaparece, la idea es transformar la manera en que las personas viven ese proceso.
Gran parte de eso ocurre haciendo que el cliente participe activamente. Entender cómo vive, conversar sus necesidades, mostrar alternativas, revisar propuestas, visualizar espacios y acompañarlo durante las distintas etapas permite que el proyecto deje de sentirse como algo lejano o difícil de comprender.
Muchas veces el estrés aparece desde la incertidumbre. Cuando las personas entienden mejor el proceso, visualizan lo que están construyendo y sienten que forman parte de las decisiones, la experiencia cambia completamente.
Al final, buscamos que las personas no recuerden solamente la casa terminada, sino también el proceso que vivieron para llegar a ella. Porque diseñar una vivienda no debería sentirse solamente como una obligación técnica, sino también como parte de construir una etapa importante de sus vidas.
Más información del trabajo de Lorena acá:
https://www.lovivo.cl/
