Aprendizajes desde el terreno. Por: Camila Paz González Flores. Asesora líder Enseña Chile

Trabajo en Enseña Chile, vivo en la región de Los Lagos y actualmente estoy liderando el proyecto Aulas sin Límites en el marco de Efecto Colectivo, una alianza público-privada que nos permite aprender codo a codo con el SLEP Llanquihue y sus escuelas. Hoy quiero contar tres historias reales. De territorio. De largos trayectos por campos verdes, bosques y lluvia. De escuelas que nos enseñaron que los programas educativos funcionan cuando se adaptan, no cuando se imponen.
Una de esas comunidades es el Liceo Carlos Ibáñez del Campo en Fresia. Para llegar, manejas una hora desde Puerto Varas. Cuando llegamos, el liceo ya estaba trabajando en su propio programa ADECO. Nosotros teníamos nuestro plan, pero decidimos preguntar: «¿En qué necesitan que los apoyemos?». Usamos el espacio de nuestra asesoría para potenciar lo que ellos necesitaban llevar. Funcionó. La lección: no llegar a diagnosticar problemas, sino a reconocer fortalezas.
Otro territorio muy distinto es la Escuela Especial San Agustín, en Frutillar Alto. El primer año nos costó. Lo que funcionaba en otras escuelas, aquí no calzaba. Pero no insistimos con la receta. Aprendimos a escuchar. El segundo año comenzamos a avanzar, esta vez con acompañamiento entre pares y tecnología puesta al servicio del desarrollo profesional docente. No es magia: es adaptarse con humildad. Y tomarse el tiempo que cada contexto necesita.
Y luego está la Escuela Rural Huautrunes, en Los Muermos. Otra hora de camino, esta vez entre bosques. Tiene dos docentes y veintitrés estudiantes. Parece pequeña, pero su creatividad es enorme. Para el Día del Libro, las docentes usaron Inteligencia Artificial para crear un «Café Letras y Sabores». Los estudiantes atendían y ofrecían en el menú distintos tipos de libros. Todo hecho con mucho detalle. La experiencia no se quedó en la escuela: la compartieron con todo el microcentro. Una escuela de veintitrés estudiantes, liderando aprendizajes para otras. Así se ve cuando la tecnología está en manos de docentes creativos.
Esto no ocurre por casualidad. Ocurre porque hay una alianza con nombre propio: Enseña Chile y el SLEP Llanquihue, trabajando juntos en Efecto Colectivo. No traemos recetas. Preguntamos, escuchamos, nos adaptamos. Y las escuelas nos devuelven la lección más valiosa: la mejora educativa no parte de lo que falta, sino de lo que ya tienen y pueden potenciar.
¿Y si en lugar de preguntar «qué problema resuelvo», preguntamos «qué fortaleza puedo acompañar»?