45 horas semanales en redes sociales. Por Florencia Pérez, Directora Ejecutiva de Fundación Brotario
Un informe de la OCDE reveló que los estudiantes de 15 años en Chile reportan pasar más de 45 horas semanales en redes sociales. Es la cifra más alta entre los países analizados y equivale a más de una jornada laboral completa.
El estudio «Growing up in the social media age», elaborado con datos de PISA 2022, muestra que el uso de estas plataformas es elevado en toda la OCDE, cuyo promedio alcanza casi 35 horas semanales. Es un fenómeno extendido, pero superar las 45 horas obliga a preguntarse qué ocurre en Chile y qué actividades están perdiendo espacio.
El fenómeno tampoco afecta a todos por igual. En el promedio de los países estudiados, las niñas pasan 37,2 horas semanales en redes sociales, frente a las 31,8 horas de los niños. Las diferencias también son socioeconómicas. Las niñas del cuartil más bajo pasan ocho horas más y los niños cinco horas más que sus pares del cuartil más alto.
Estas brechas muestran que el problema, si bien depende en parte del acceso que se le da al teléfono, también influyen las oportunidades fuera del teléfono, la seguridad de los barrios, el acceso a áreas verdes y la posibilidad de encontrarse con otros.
El informe advierte que el uso intensivo de redes puede vincularse con la búsqueda de escape frente a experiencias difíciles y con sentimientos de soledad. No sabemos qué ocurre primero, si quienes se sienten aislados recurren más a las redes o si una exposición excesiva debilita el encuentro presencial, pero ambas situaciones podrían propiciar el escenario.
Sería fácil culpar a los adolescentes o reducir la discusión a prohibir los teléfonos. Sin embargo, las redes sociales forman parte de sus vidas y les permiten comunicarse, informarse y encontrar comunidades. El problema aparece cuando desplazan otros hábitos.
Además de establecer límites razonables, debemos revisar qué alternativas ofrecemos. Pedirles que dejen sus pantallas tiene poco sentido si no cuentan con lugares seguros donde reunirse, jugar o pasar tiempo al aire libre.
Cambiar este hábito requiere más que prohibiciones. Las escuelas pueden incorporar experiencias fuera del aula, las comunidades recuperar espacios de encuentro y las organizaciones sociales acercar actividades culturales, deportivas y de contacto con la naturaleza donde existen pocas opciones.
Las 45 horas que registra Chile deberían llevarnos a revisar cómo distribuyen su tiempo las nuevas generaciones y qué condiciones hemos creado los adultos para que encuentren experiencias atractivas cuando levanten la mirada de la pantalla.
