¿Oficio, creatividad y territorio? Por: Drus Nur

Luego de este tiempo conversando sobre la Ley Nacional de Artesanía, los criterios de la Fundación Artesanías de Chile y la mirada de Fomento Productivo, que suele centrarse en la producción, la formalización y la comercialización, me surge una reflexión más profunda sobre el valor de los oficios y la creatividad.

La mirada moderna e industrial tiende a clasificar a las personas según una sola y limitada función. Y veo con tristeza cómo, muchas veces, esa lógica termina empobreciendo el ingenio y la creatividad. Separamos al carpintero de la tejedora, al cocinero del agricultor, al diseñador del artesano. Sin embargo, en los territorios rurales, y especialmente en las culturas tradicionales vivas y en la praxis, las cosas rara vez han funcionado de esa manera. Las personas desarrollan múltiples saberes porque la vida misma lo requiere y eso tiene un gran valor que no estamos apreciando.

La mujer que cría ovejas, las esquila, lava la lana, la hila, teje, cocina, conserva alimentos y cultiva su huerta no está mezclando rubros. Está expresando una forma integral de habitar el territorio y generar vida. Sin embargo, muchas veces queda fuera de las categorías que hoy se utilizan para clasificar las actividades productivas. Del mismo modo, un pescador puede reparar motores, construir trampas, trabajar la madera y cocinar.

Un artesano puede ser también agricultor, recolector o músico. La riqueza de los territorios no reside en la especialización extrema dictada desde los escritorios, sino en la diversidad de saberes que una misma persona puede reunir y transmitir. Por eso, quizás lo que estamos intentando proteger en lugares como Ensenada no son simplemente categorías productivas, sino algo mucho más valioso: una cultura de oficios y saberes. Una manera integral y holística de relacionarse y cuidar el entorno.

Resulta curioso que aquello mismo que admiramos en figuras históricas como Leonardo da Vinci sea precisamente lo que hoy cuesta reconocer en nuestros territorios. Da Vinci no fue solamente pintor de Mona Lisas; también fue inventor, investigador, ingeniero y observador incansable de la naturaleza.

Guardando todas las proporciones, la pregunta sigue siendo válida: bajo los criterios actuales. ¿En qué categoría lo encasillaríamos?

Drus Nur
Ensenada,