Se busca tiempo perdido. Por Pablo Hübner. Director The Puerto Varas y The Puerto Montt
Antes de las siete de la mañana. Ruta 225. Velocidad promedio, 20 kilómetros por hora. La fila de autos tiene luces encendidas. A ratos parece un río. Llueve.
En la radio comentan el tema del alza histórica del precio de los combustibles. Nunca antes se había hablado tanto de la guerra. La pistola para cargar los estanques se suma a las otras pistolas. La idea de que todo terminará pronto parece olvidar la realidad de conflictos anteriores.
Chile busca la manera de enfrentar la crisis. El anuncio de medidas por parte del nuevo gobierno es sometido a cuestionamiento. Ya hay voces comparando la situación con una nueva pandemia a nivel económico. La aplicación de las medidas delata las ausencias de control, como el caso del transporte público a nivel regional. El anuncio de cada alza marca las diferencias con respecto a la capital. Marzo se convierte en un mes aún más caro. La vida también.
Las causales del aumento de los combustibles y la manera de enfrentarla es un debate técnico y político, y con un evidente impacto social a nivel mundial. Más o menos gradualidad, más o menos beneficios, más o menos costos. Es probable que con el paso de las horas se anuncien nuevas medidas. Al menos eso se espera. Otra vez esperar.
La articulación pasa a ser clave. Los acuerdos pasan a ser clave. Esto va mucho más allá de la relación entre el gobierno y los distintos sectores que se reconocen en la oposición. La manera en que el gobierno a nivel central, los gobiernos regionales, los municipios, las empresas, las organizaciones de la sociedad civil, pueden trabajar en conjunto determinará el camino de la crisis. Para lograr este tipo de tejido es fundamental contar con las autoridades en sus respectivos cargos, lo que para el caso de los seremis de la región, ha sido un cuentagotas. Cuesta entender el relato de emergencia nacional sin las autoridades designadas. No hay ejecución sin ejecutores. Se pierden horas preciosas, lo más valioso, el tiempo.
Mientras, el taco sigue avanzando. Primera. Segunda. Neutro. Repetir. En la radio se debate sobre si el gobierno ofreció lo suficiente, si la gradualidad estuvo presente, si acaso el malestar social será una consecuencia que generará más inestabilidad, entre otras variables. Sigue lloviendo. El limpiaparabrisas despeja las gotas que caen cada vez más fuerte. Las luces rojas se multiplican. El taco apenas se mueve. Sería más rápido a caballo. Ni uno de los motores de la fila le ganaría a este ritmo. El taco es caro.
Súper lunes, súper marzo, súper nada. Ya es lo de siempre. Se está haciendo tanto como tanto sigue igual. Tal como en el caso de otras situaciones, los problemas son más grandes que las soluciones. Los anuncios hacen eco en la evidencia que ofrecen los minutos que pasan. Los niños entran al colegio, mientras niños de otros colegios esperan a que entren para ellos poder llegar al suyo. Si fuera carretera, con lo que uno se demora, sería casi como ir a dejar a los hijos a un colegio en Osorno y luego volver.
Ya amaneció. La luz no aclara el panorama. En la costanera dos camiones enormes intentan ingresar a una obra en construcción. Pleno horario punta de la mañana. No es la primera vez. Es algo que pasa. Alguien toca la bocina. Otro replica. Primera. Segunda. Neutro. Repetir. Luego, subida por Gramado, salida norte, velocidad promedio, 10 kilómetros por hora. No falta el que se mete en cada cruce sin alcanzar, sabiendo que bloqueará a los que siguen. Triunfadores de su propia derrota. Veo pasar el tiempo hasta que llego a Línea Nueva, un cruce que es también la invitación a tener un accidente. Cada anuncio de semáforo y proceso de licitación recuerda lo lento que es hacer cualquier cosa urgente. La seguridad en jaque en cada viraje. Esperar antes de tirarse. Arriesgarse. No queda otra. El tiempo perdido es un costo invisible. Un fantasma que te saluda en el camino.
Ni los semáforos son suficientes ni tan inteligentes, ni hay tantas calles nuevas, ni son más anchas, ni se ven tantos cambios. Los buses eléctricos, la concesión de la carretera, el paso por Minte, el semáforo de Línea Nueva, el semáforo de Arturo Prat, y tantos casos más, mientras no sean realidad, sólo son expectativas para comentar en la fila que se prolonga tanto como la espera. Todos los días de la semana es lo mismo. Salir antes. Dormir menos. Esperar en el destino. Llegar adelantado para no llegar atrasado. Si los planes reguladores comunales, intercomunales, licitaciones, plazos, obras, no logran adelantar la realidad, pasan a ser parte del problema. Por su parte, la mitigación de accesos de establecimientos educacionales y obras de construcción obliga cuando menos una mirada. ¿Qué medidas de corto plazo pueden colaborar a terminar con este problema? “Un beso y chao” más dice “hola”. Defender que en todas partes del mundo con características urbanas y rurales similares pasa lo mismo es una declaración de la derrota.
La guerra y sus efectos obligarán acciones determinadas y con sentido de urgencia, tanto definitivas como provisorias. Obligará una coordinación fina y rápida. No es momento de seguir diciendo de quién es la culpa, quién ha hecho más, quién ha hecho menos. No hay anuncio que cambie los hechos, ni explicación que represente un ahorro de recursos, ni acusación cruzada que sea más real que el tiempo perdido. La resiliencia y la capacidad de adaptación al escenario marcarán el destino. El Estado no está quebrado. Decirlo lo rompe. Hacer perder el tiempo es grave. Es triste. Es caro. Es la vida misma. Y también, cambia la identidad de un lugar que hasta hace poco, ofrecía eso que llamaban con tanta gracia, calidad de vida. Puerto Varas espera demasiado, mientras pierde más de lo que espera.
