8 de marzo: Cuidar también es transformar el mundo. Por: Yocelin Andrea Soler Santana, Directora Escuela Enfermería UACh Puerto Montt

Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, un día que no solo nos invita a pensar en los logros obtenidos, sino también en las desigualdades que aún existen. Es un día de memoria, reconocimiento y compromiso. Y en esa historia conjunta, la enfermería desempeña un papel transformador y significativo.
El cuidado ha sido asociado con las mujeres desde tiempos antiguos. En las comunidades originarias, en los hogares, durante la guerra o la enfermedad, ellas fueron las que mantuvieron la vida mediante el cuidado diario, que con frecuencia era invisible, no pago y escasamente reconocido. Atender fue un acto de amor, pero también de perseverancia, y continúa siéndolo.
La profesionalización de este cuidado representó un cambio significativo. Con la aparición de Florence Nightingale en el siglo XIX, la enfermería empezó a establecerse como una profesión fundamentada en principios éticos, organización sanitaria y saberes científicos. Nightingale no solo cambió las condiciones de los hospitales, sino que también posibilitó que las mujeres tuvieran acceso a la educación formal y a un lugar reconocido dentro del sistema de salud.
En Chile, la historia no fue diferente. El establecimiento de las primeras facultades de enfermería a comienzos del siglo XX posibilitó que numerosas mujeres accedieran al entorno universitario y, más tarde, al mercado de trabajo formal, en un período en el que sus posibilidades eran escasas. De esta manera, la enfermería se transformó en un acceso hacia la autonomía financiera y el liderazgo en salud.
No obstante, este progreso no estuvo libre de dificultades. La feminización de la profesión a lo largo de la historia conllevó, durante décadas, una desvalorización del trabajo enfermero, vinculado incorrectamente a la vocación en lugar de al nivel académico o al «instinto femenino» en vez de a las habilidades profesionales. Hoy en día sabemos que la atención requiere de liderazgo, juicio clínico, capacidad de gestión y toma de decisiones complejas.
La mujer en la enfermería ha experimentado una evolución: de ser un cuidador invisible a convertirse en una profesional universitaria, investigadora, gestora, educadora y líder en políticas públicas. Ha estado en la vanguardia de las crisis sociales, los desastres naturales y las pandemias. Ha apoyado a la gente en los nacimientos y las despedidas, ha mantenido sistemas de salud, ha educado a las comunidades y ha defendido el derecho a la salud desde un punto de vista humano.
Sin embargo, el 8 de marzo también nos alienta a mirar hacia el futuro. La sobrecarga de trabajo, las disparidades salariales y la distribución desigual de las tareas
domésticas de cuidado siguen existiendo. Un gran número de enfermeras mujeres siguen combinando largas jornadas de trabajo con obligaciones familiares que, en su mayoría, recaen sobre estas. Identificarlo es un aspecto del compromiso con una sociedad más equitativa.
Conmemorar este día desde la enfermería implica reconocer que cuidar no es un papel menor, sino una acción política y social que sostiene la vida. Es apreciar a aquellos que, de generación en generación, han convertido el cuidado en una profesión que entrelaza ciencia, humanidad y compromiso ético.
Este 8 de marzo no solo recordamos la historia de las mujeres que han luchado; también celebramos la fortaleza silenciosa y persistente de aquellas que cuidan. Ya que cuando una mujer cuida con sabiduría y convicción, no solamente mitiga el dolor, sino que también cambia situaciones.
Por:
Yocelin Andrea Soler Santana
Enfermera
Ms. En promoción de la salud y salud comunitaria
Directora Escuela Enfermería
UACh Puerto Montt