Perros sin control: una amenaza para la fauna silvestre y el ganado
El ataque que provocó la muerte de un huemul en Aysén vuelve a poner atención sobre un problema que también afecta a otras especies silvestres y al ganado. Organismos públicos han documentado ataques de perros contra pudúes, guanacos y otras especies, mientras el SAG registra a los perros como el principal depredador del ganado dentro de sus denuncias verificadas.
El huemul macho conocido como “Ortega” murió luego de ser atacado por perros sin supervisión en Villa Ortega, localidad ubicada a 33 kilómetros al norte de Coyhaique. El ejemplar fue rescatado tras una alerta recibida por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y trasladado al Centro de Rescate y Rehabilitación del Huemul, donde recibió atención veterinaria durante dos días. Además de las lesiones atribuibles al ataque, presentaba quemaduras por presión provocadas por cercos eléctricos. Finalmente murió debido a la gravedad de sus heridas.
El caso vuelve a poner atención sobre una situación que excede a una especie determinada y también los límites de las áreas protegidas: la circulación de perros sin supervisión en lugares donde conviven fauna silvestre, actividades ganaderas y asentamientos humanos.
El Ministerio del Medio Ambiente identifica la tenencia irresponsable de perros y gatos como una amenaza para la biodiversidad. Su Estrategia Nacional de Tenencia Responsable de Mascotas y Conservación de la Biodiversidad señala que los animales de libre deambular pueden provocar ataques y depredación, transmitir enfermedades, competir por recursos y modificar el comportamiento de especies nativas.
Un problema documentado en Aysén
El huemul se encuentra entre las especies más amenazadas de Chile. Rewilding Chile estima que sobreviven cerca de 1.500 ejemplares entre Chile y Argentina, alrededor del 1% de su población original, distribuidos en poblaciones fragmentadas. Entre las amenazas identificadas se encuentran la pérdida y fragmentación del hábitat, las enfermedades transmitidas por el ganado doméstico, las especies exóticas invasoras, los atropellos y los ataques de perros sin supervisión.
El ataque a Ortega no constituye un hecho aislado en la región. En diciembre de 2024, CONAF informó la muerte de una hembra adulta de huemul en el sector Los Mallines del Parque Nacional Cerro Castillo. La necropsia realizada junto al SAG confirmó que la muerte fue provocada por un ataque de perros.
De acuerdo con CONAF, este fue el segundo ataque constatado de perros contra huemules registrado por los guardaparques del parque. Las cámaras trampa instaladas en 60 puntos desde 2019 también han detectado una presencia abundante de perros de libre deambular que ingresan desde sectores aledaños. En ese contexto, la corporación identificó a estos animales como la primera amenaza para la conservación del huemul dentro del parque.
El monitoreo continuó durante 2025. En octubre, CONAF informó que las cámaras trampa del Parque Nacional Cerro Castillo habían registrado, entre otras especies y amenazas, perros de libre deambular, caballos y ganado. El análisis de los primeros cinco años de monitoreo mostró además un aumento preocupante en la ocupación del territorio por parte de los perros de libre deambular, lo que CONAF calificó como una amenaza directa para la fauna nativa.
Sebastián Riestra, coordinador general de Vida Silvestre de Rewilding Chile, señaló tras la muerte de Ortega:
“Teníamos muchas esperanzas de poder recuperar este huemul y que fuera devuelto a la libertad, pero fue imposible ya que sus lesiones eran muy profundas. Esto que está pasando con los huemules está muy mal. No está bien que sigan muriendo huemules todo el tiempo, que sigan siendo atropellados, siguen siendo afectados por el ganado doméstico que les transmiten enfermedades, atacados por perros sin supervisión, y por especies exóticas invasoras como el ciervo rojo y el jabalí que lo atacan también y que ocupan su territorio”.
El director regional del SAG Aysén, Oscar Videla, agregó:
“el trabajo que hace el servicio no vale nada si no cuenta con el apoyo y el compromiso de todos los pobladores de Aysén en el cuidado de estas especies que son tan características de la región y que necesitan un cuidado especial por parte de todos nosotros”.
El problema también está en Los Lagos
La situación no se limita a Aysén. En la Región de Los Lagos, CONAF ha documentado mediante cámaras trampa la presencia simultánea de fauna nativa y perros dentro de áreas protegidas.
En marzo de 2025, el organismo informó que el sistema de monitoreo instalado en el Parque Nacional Chiloé confirmó una importante presencia de pudú y zorro chilote. Las mismas cámaras detectaron perros en el sector de Papalguén, cuya presencia fue identificada por CONAF como una amenaza tanto para el pudú como para el zorro chilote.
El antecedente es relevante porque muestra que el problema no depende de la presencia de una especie particular ni se reduce al huemul. Los perros pueden entrar en contacto con distintas especies nativas y generar impactos sobre ellas.
CONAF mantiene, además, la prohibición de ingresar con mascotas a sus áreas protegidas. En el Parque Nacional Chiloé, el organismo señala expresamente que los animales domésticos pueden perturbar o transmitir enfermedades a la fauna nativa.

También afecta al ganado
Los perros sin supervisión no representan solamente un problema de conservación. También pueden provocar ataques al ganado y pérdidas para los productores.
El SAG cuenta desde 2012 con un procedimiento para recibir y verificar denuncias de ataques de carnívoros al ganado doméstico. Según los registros presentados por el servicio en 2024, los perros fueron responsables del 29% del ganado depredado, con 10.567 animales afectados, y aparecieron como el depredador que más daño causaba al ganado doméstico dentro de ese registro.
Las mismas estadísticas muestran que el fenómeno puede ser abordado desde una perspectiva común. En el seminario “Perros de libre deambular: Impactos y estrategias para la convivencia responsable con la fauna y la ganadería”, organizado por el SAG y la Universidad de Chile en agosto de 2024, se analizaron conjuntamente los efectos de estos animales sobre la producción ganadera y la fauna silvestre.
El SAG también informó que, desde la implementación en 2023 de su procedimiento de atención de denuncias en materias de rescate y rehabilitación de fauna silvestre, había recibido reportes de ataques de perros contra 36 pudúes, seis guanacos y cuatro coipos, además de monitos del monte, zorros, quiques y distintas especies de aves. El servicio advierte que estas cifras dependen de las denuncias recibidas y, por lo tanto, no representan necesariamente el total de los casos ocurridos.
De esta manera, un mismo problema puede tener consecuencias diferentes dependiendo del lugar: un ataque puede terminar con la muerte de un animal silvestre o con la pérdida de ganado en un predio.
Un problema que no reconoce límites
Una de las dificultades para enfrentar esta situación es que los límites administrativos de un área protegida no coinciden con la forma en que se desplazan los animales.
El Ministerio del Medio Ambiente ha señalado que un perro doméstico al que se permite deambular libremente puede recorrer entre 20 y 30 kilómetros durante una noche. En zonas rurales o cercanas a áreas silvestres protegidas, esos desplazamientos pueden ponerlo en contacto con fauna nativa.
La Estrategia Nacional de Tenencia Responsable de Mascotas y Conservación de la Biodiversidad reconoce precisamente este problema y plantea como objetivo reducir los impactos de perros y gatos sobre la biodiversidad en áreas de alto valor ecológico. Entre los efectos identificados están la depredación, los ataques, la transmisión de enfermedades, la competencia por alimento y los cambios de comportamiento de las especies nativas.
Por eso, el problema no comienza necesariamente cuando un perro entra a un parque nacional. Puede comenzar antes, cuando un animal con dueño sale de una vivienda, un predio o una parcela y circula sin supervisión.
La propia legislación chilena establece que el responsable de una mascota es su dueño o poseedor y que debe adoptar las medidas necesarias para evitar que el animal cause daños a personas o a la propiedad de terceros. También establece responsabilidad civil por los daños provocados por el animal.

No se trata solo de ataques
El impacto de los perros sobre otros animales tampoco termina en una mordedura.
El Ministerio del Medio Ambiente identifica entre los efectos de los perros de libre deambular la persecución, el desplazamiento, la competencia por recursos, la depredación y la transmisión de enfermedades.
En el caso del huemul, CONAF ha señalado además que las enfermedades transmitidas por el ganado doméstico y los ataques de perros forman parte de las principales amenazas que enfrenta la especie.
Esto amplía el alcance de la discusión sobre tenencia responsable. No se trata solamente de alimentar, vacunar o registrar a un perro. La Ley 21.020 establece entre las obligaciones de sus responsables mantenerlo bajo condiciones adecuadas de cuidado y seguridad y adoptar medidas para evitar que cause daños.
La muerte de Ortega es, en este sentido, un caso concreto de un problema que también aparece en el monitoreo de CONAF en Aysén, en los registros de fauna de Los Lagos y en las estadísticas del SAG sobre ataques al ganado.
El punto común es la circulación de perros sin supervisión.
El debate que llega al Congreso: ¿se podrán matar los perros?
El problema también llegó al Congreso, donde tres mociones fueron refundidas para ser tramitadas conjuntamente: los boletines 16.962-01, 18.269-01 y 18.400-01. El proyecto busca establecer medidas de prevención, control y mitigación frente a los riesgos que los autores atribuyen a los llamados perros “salvajes o ferales”, específicamente respecto de las personas, el ganado y la fauna silvestre. La iniciativa continúa en primer trámite constitucional en la Cámara de Diputadas y Diputados.
Uno de los puntos que genera mayor interés es qué ocurriría con los perros que atacan ganado o fauna. El texto actualmente en discusión no establece una autorización general para matar perros. Sí contempla que los propietarios o responsables de animales de producción que sufran ataques atribuibles a perros considerados salvajes o ferales puedan implementar medidas especiales de control y prevención en sus predios, previa denuncia y con antecedentes que permitan presumir fundadamente la participación de estos animales. Entre las medidas mencionadas expresamente está la captura.
El proyecto también incorpora una disposición que podría tener consecuencias en casos de ataques. Su artículo 5 establece que, respecto del delito de maltrato animal contemplado en el artículo 291 bis del Código Penal, sería eximente de responsabilidad penal actuar en defensa propia, de un tercero o del ganado frente a un ataque actual o inminente de uno o más perros salvajes o ferales. Es decir, la propuesta no crea una autorización para eliminar perros por el solo hecho de encontrarse sin supervisión, sino una excepción de responsabilidad penal asociada a una situación concreta de defensa frente a un ataque.
La discusión, sin embargo, no está cerrada. En la propia Comisión de Agricultura se ha cuestionado la definición de “perro salvaje o feral” utilizada por el proyecto y sus eventuales consecuencias. En una exposición ante la comisión se advirtió que el mecanismo podría permitir eventualmente un control letal incluso respecto de perros con tutor, y se sostuvo que estudios realizados entre las regiones de Los Ríos y Los Lagos no encontraron perros verdaderamente ferales durante el trabajo de campo, mientras una proporción importante de los perros observados tenía propietario. La misma presentación planteó que esta diferencia es relevante porque el proyecto construye sus medidas de control precisamente sobre la categoría de perro salvaje o feral.
La discusión legislativa, por tanto, no se limita a decidir si debe existir o no control sobre los perros. También busca determinar qué perros pueden ser objeto de esas medidas, quién podrá aplicarlas, bajo qué condiciones y qué ocurre cuando existe un ataque contra personas o animales. En la actualidad, ninguna de estas nuevas facultades constituye todavía una regla vigente: el proyecto sigue en tramitación en la Cámara.
Tenencia responsable: medidas concretas
Un perro con dueño también puede generar daños si circula libremente. Estas son algunas medidas básicas para reducir el riesgo:
Mantén a tu perro bajo control
No permitas que salga solo de tu propiedad o que deambule por caminos rurales, bosques, humedales u otros ambientes naturales.
Revisa cierres y cercos
Portones, cercos y otras medidas físicas deben impedir que el animal escape y circule sin supervisión.
No permitas que persiga fauna silvestre
Si encuentras un animal silvestre, mantén distancia y evita que tu perro se acerque, persiga o acorrale.
Evita el acceso a predios y ganado ajeno
Un perro que entra libremente a otro predio puede atacar ovejas, vacunos u otros animales y generar pérdidas para sus propietarios.
No ingreses con perros a áreas protegidas donde está prohibido
CONAF establece la prohibición de ingresar con mascotas en sus áreas protegidas debido, entre otras razones, al riesgo de perturbación y transmisión de enfermedades a la fauna nativa.
Mantén sus cuidados sanitarios al día
La Ley de Tenencia Responsable establece obligaciones relacionadas con identificación, registro cuando corresponda y manejo sanitario.
Si encuentras fauna silvestre herida o un ataque en curso, informa
Entrega al SAG o a CONAF la ubicación y antecedentes disponibles. Evita intervenir directamente sobre el animal si no cuentas con las condiciones para hacerlo.
La tenencia responsable también significa controlar dónde puede llegar un perro.
Un animal que sale sin supervisión puede desplazarse mucho más allá del lugar donde vive y entrar en contacto con fauna silvestre, ganado y otros animales. El control del perro no termina cuando cruza la puerta de la casa: también implica hacerse responsable de lo que puede ocurrir cuando el animal queda libre.
