Fredy Opitz: la ciudad que quería conservar

El exconcejal de Puerto Varas dejó en sus columnas una mirada sobre el patrimonio, el lago, el turismo y la responsabilidad municipal. Sus escritos reúnen recuerdos y propuestas sobre cómo debía crecer la comuna, con una preocupación persistente por la calidad de vida de sus habitantes.

 

“Puerto Varas, no puede ser barrido, destruido, olvidado o construido por sobre nuestra historia y su gente”. Fredy Opitz Vergara escribió esa frase al cuestionar la desaparición de viviendas antiguas. En sus columnas, el crecimiento de la comuna era una discusión sobre las casas, el lago, los espacios públicos y las condiciones de vida que dejaría a sus habitantes.

Fredy Arnoldo Opitz Vergara, militante de Renovación Nacional y exconcejal de Puerto Varas, falleció el 25 de enero de 2023, a los 74 años. El municipio decretó tres días de duelo comunal. Sus escritos, publicados en El Heraldo Austral, conservan sus opiniones sobre decisiones que marcaron la transformación de la ciudad.

Al abordar el patrimonio, evocaba una forma de vivir y construir que había conocido:

“Las nuevas construcciones de edificios y proyectos comerciales desde hace un tiempo están destruyendo el Puerto Varas que generaciones habíamos conocido, con sus casas de tejuelas de alerce y su interior de madera nativa, con fachadas típicas casi iguales, muchas sin antejardín y no más de tres o cuatro casas por cuadra, porque antes las casas tenían huerta y gallineros e incluso se criaban cerdos para tener manteca para el año porque no había aceite.”

Proponía registrar las viviendas antes de demolerlas. Las fotografías permitirían conservar algo de la historia que desaparecía, pero su argumento también buscaba reconocer el trabajo de quienes habían levantado esas casas:

“Ojalá, por el bien de la historia de Puerto Varas, su gente, su historia y su patrimonio, las autoridades municipales tomen esta iniciativa no instaurada, por el respeto que merecen todos los vecinos que hoy descansan en nuestros cementerios y que en tiempos antiguos construyeron un Puerto Varas con sus casas, sin préstamos hipotecarios, trayendo tabla por tabla en carretones tirados por caballos, no con planchas traídas de Santiago, con tejuelas que se iban a buscar a Alerce también en carretones o con los primeros camiones, donde el viaje demoraba casi un día, ida y vuelta en un camino muy malo y donde un radier se hacía solo a pala, porque no existía una betonera .”

El hundimiento del Capitán Haase lo llevó a reflexionar sobre otra pérdida. La embarcación se había convertido en una imagen de la bahía y, para él, su desaparición abría una pregunta sobre el desarrollo turístico:

“El Capitán Haase nos muestra la fragilidad y la debilidad turística donde nos muestra que a no ser por la visión y el esfuerzo económico de un empresario particular que se atrevió a cooperar y trabajar en el turismo de Puerto Varas, trasformó su emprendimiento en un ícono turístico. Por eso, hoy que vemos el barco hundido vale la pena preguntarse ¿si no es por el empuje y visión empresarial, Puerto Varas se queda sin íconos que mostrar, entonces, qué estamos haciendo como ciudad o como municipio?.”

Su propuesta era recuperar la navegación y los espacios que permitieran acercarse al lago. Relacionaba los muelles con la historia productiva de la comuna:

“Desde el año 2008 como concejal de la comuna, he planteado que P. Varas debe tener un muelle peatonal como los años 1945-1960, para que sirva a los “Botes y Lanchas “, para que exista más vida en el Lago. Puerto Varas tomó importancia como ciudad a principios de los años 1900, con dos muelles en Puerto Chico y dos en la Bahía de Puerto Varas y que gracias a esos muelles y otros más pequeños que se agregaron, nació el comercio, la agricultura y el turismo. Hoy con sana envidia vemos que Llanquihue y Frutillar se nos han adelantado y tienen su lindo muelle y nosotros que nos llamamos “Puerto”, no tenemos un verdadero muelle.”

Esa mirada también orientaba sus opiniones sobre planificación territorial. Frente a la propuesta de integrar un área metropolitana con Alerce, Puerto Montt y Tepual, cuestionaba si las necesidades de esas ciudades eran equivalentes. Para Puerto Varas planteaba fortalecer otras relaciones:

“¿A qué debería apuntar Puerto Varas a futuro? No cabe duda que debemos apuntar a ser el tercer a cuarto punto turístico de Chile, unirnos más hacia la Cuenca del Lago Llanquihue, unir más a Ensenada, Peulla, Nueva Braunau, Cochamó y concretar el Paso el León, para que nuestro destino turístico se agrande y seamos precisamente como Puerto Varas, una Metrópolis, pero como “Ciudad Madre” del Turismo en la Cuenca del Lago Llanquihue y la Región.”

La protección del entorno era parte de ese proyecto. Al escribir sobre la contaminación del lago y el atraso del Plan Maestro de Aguas Lluvias, defendió las gestiones municipales y concentró sus críticas en el Estado y la fiscalización sanitaria:

“Creo, que en honor a la verdad, el Municipio desde el año 2010, con dos Alcaldes y tres Concejos a la fecha, han realizado muy bien su trabajo, hasta donde le ha sido posible, sin embargo creo que el Estado de Chile, con su Ministerios de OO.PP y Vivienda, con su Ministerio de Medio Ambiente, con un Organismo como el SISS, del Ministerio de OO.PP, se olvidó de Puerto Varas por más de 10 años y con ese olvido y mal trabajo permitió que Essal se amparara en Leyes obsoletas y ninguna fiscalización, para no hacer ninguna inversión importante, lo que permitió el desastre sanitario en que hoy estamos.”

También se pronunció sobre el relleno sanitario La Laja. Recordó que se había opuesto al proyecto y, ante la posibilidad de recibir residuos de Chiloé, sostuvo que debían respetarse las condiciones establecidas para su funcionamiento. Cuestionaba, además, la coherencia de promover el reciclaje local mientras se discutía aumentar los residuos recibidos:

«Mucho menos tendría sentido las campañas del Municipio y la inversión que está gestando y promoviendo a la ciudadanía en reciclar para disminuir la basura y, por otro lado, nos traerían más basura en bruto de otros lados, sin tratarla.”

Sus exigencias al municipio alcanzaban la convivencia cotidiana. Veía en las ordenanzas una herramienta para proteger los espacios públicos, pero consideraba necesario involucrar a las organizaciones de la comuna.

Su preocupación por la ciudad turística incluía a quienes trabajaban en ella. Al discutir los fuegos artificiales de Año Nuevo, contrastó la celebración en la costanera con las dificultades del comercio y el empleo:

«Por el contrario, no me gustarían Fuegos Artificiales para el año nuevo , si lo celebramos en la Costanera y a una cuadra, tenemos todavía, al Comercio aún con rejas, sin haber vendido nada para las navidades y con gente que fue despedida obligadamente , en vez de contratar más gente ,como era lo normal. El significado de los Fuegos Artificiales de nuestra Ciudad, no tendrían el propósito de anunciarnos un futuro mejor, no habría nada bueno que anunciar ,ni que celebrar ya que mucha gente que vive y trabaja en el Comercio ,en los Hoteles y el Turismo en general, tendrían un futuro poco alentador”.

La escena que esperaba recuperar era la de las familias recorriendo el centro y los niños mirando las vitrinas. En esa imagen reunía la actividad económica, el encuentro y la posibilidad de celebrar:

“Por eso, los Fuegos Artificiales que me gustarían, puedan ser, cuando saquemos las rejas del Comercio y los niños pueden bajar alegres al Centro a ver sus juguetes y después, nuestros tradicionales Fuegos Artificiales del Año Nuevo . Dios quiera, sean los dos Fuegos Artificiales que me gustarían.”

Tras su fallecimiento se mencionó la posibilidad de dar su nombre a una calle o una plaza de Puerto Varas. La idea quedó pendiente. En sus columnas, Opitz había insistido en conservar la memoria de quienes contribuyeron a construir la ciudad. Recordarlo plantea también esa pregunta: ¿qué hace Puerto Varas para que sus propios vecinos no queden en el olvido?