La tradición como responsabilidad. Dr. Robert Manhood Maydl. Multiespecialista y Doctorado Universitario Clínica Dental Manhood Ponce

En 1981 obtuve mi título de cirujano dentista y me incorporé a una profesión que llevaba varias generaciones presente en mi familia. Con los años, he comprendido mejor la responsabilidad que significa esa continuidad. Recibir una tradición exige preguntarse qué merece conservarse, cómo debemos actualizarlo y qué entregaremos a quienes ejercerán después. En odontología, esas preguntas tienen una consecuencia concreta: la calidad del cuidado que ofrecemos a las personas.

La historia de mi familia en la odontología se remonta a Alejandro Manhood Rennie, cuyo legado nos vincula con la formación y la organización de la profesión en Chile. En 1912 fue profesor responsable de Ortodoncia y Coronas y Puentes en la Universidad de Chile. En 1917 presidió la comisión organizadora del Primer Congreso Panamericano de Odontología, celebrado en Santiago, y en 1922, tras el fallecimiento de Germán Valenzuela Basterrica, asumió como segundo director de la Escuela Dental de esa universidad. Para mí, recibir esa herencia significa dar continuidad a una manera de entender el oficio: atender a las personas, formar a otros y contribuir al desarrollo de la profesión.

La generación siguiente de mi familia mantuvo esa dedicación, con trayectorias reconocidas por cuarenta y cincuenta años de ejercicio. Es una historia que me hace pensar en el trabajo cotidiano que sostiene una vocación: el estudio, la experiencia, las decisiones difíciles y la obligación de responder por lo que hacemos. El valor de esa continuidad está en transmitir conocimientos y principios que cada generación debe poner a prueba en su propio tiempo.

Esa herencia también me permite comprender la importancia de las instituciones. La formación universitaria y la organización gremial permiten compartir conocimientos, discutir prácticas y establecer deberes que trascienden a cada dentista. Ninguna trayectoria individual reemplaza esa construcción colectiva. La confianza en nuestra profesión depende de que seamos capaces de exigirnos rigor, reconocer errores y transmitir una forma responsable de trabajar. Cada atención tiene consecuencias para una persona y para la credibilidad del oficio.

Por eso considero que la tradición tiene un valor decisivo frente a otras fuerzas que influyen en la odontología. La tecnología, la rapidez y la competencia comercial pueden transformar nuestras herramientas y nuestras condiciones de trabajo. El criterio profesional debe orientar esos cambios. Poder realizar un procedimiento no basta para justificarlo: debemos comprender qué necesita el paciente, explicar las alternativas y fundamentar nuestra indicación. La tradición aporta esa exigencia de responsabilidad, que debe mantenerse incluso cuando cambian las posibilidades técnicas.

Esto nos obliga a estudiar. La experiencia acumulada necesita contrastarse con los avances del conocimiento, y una práctica debe revisarse cuando existen razones para hacerlo. Para mí, preservar el oficio incluye aprender a utilizar nuevas herramientas y reconocer sus límites. El diagnóstico debe conducir el tratamiento. Ese orden expresa una convicción fundamental: nuestras decisiones deben responder a la salud de la persona que atendemos.

Desde 2021, esta historia tiene una nueva expresión en Clínica Manhood, en Puerto Varas, proyecto que desarrollo junto al doctor Manuel Ponce. Apoyar su formación en Odontopediatría, Imagenología Maxilofacial y Ortodoncia ha sido una manera concreta de proyectar ese legado. La continuidad también se construye mediante la enseñanza, la confianza y el trabajo compartido. Transmitir conocimientos exige entregar fundamentos y formar criterio para que otros puedan decidir con responsabilidad.

En la consulta, esa responsabilidad debe traducirse en diagnósticos rigurosos, información comprensible, prevención y seguimiento. El paciente necesita entender qué proponemos y por qué. Un apellido puede generar expectativas; corresponde responder a ellas en cada atención. Así entiendo la tradición que recibí: como un compromiso que debe renovarse trabajando, aprendiendo y formando a otros. Su permanencia depende de lo que seamos capaces de aportar hoy.