Patricia Poblete y Juan Alejandro Norambuena, científicos que en 2022 publicaron investigación sobre el estado del Lago Llanquihue: “Detectamos metales pesados y descargas que no deberían estar llegando al lago”

La investigadora de Biología, Patricia Poblete, y el biólogo marino, Juan Alejandro Norambuena, detallan los resultados de las investigaciones que desarrollaron en el Lago Llanquihue cuatro años atrás. En 2022 publicaron “Evidence of the Anthropic Impact on a Crustacean Zooplankton in Lake Llanquihue (Chile)”, un estudio que documentó descargas visibles en la bahía de Puerto Varas, presencia de nutrientes y metales en efluentes y una disminución en tamaño y abundancia de Daphnia, un indicador biológico clave del equilibrio ecológico del lago. Luego de 4 años desde la investigación, The Puerto Varas conversó con los investigadores. 

Por Cristóbal Arriagada Ahumada

Patricia Poblete es académica e investigadora de Biología de la U. de Las Américas y en unas semanas más llegará a trabajar a la U. de Los Lagos. Mientras que Juan Alejandro Norambuena es también investigador y biólogo marino de la U. de la Frontera. Ambos hace cuatro años desarrollaron una investigación conjunta para evaluar el estado ambiental del Lago Llanquihue, integrando observación territorial, análisis fisicoquímicos y estudios biológicos. 

Parte de esos resultados fueron publicados en 2022 en el artículo científico “Evidence of the Anthropic Impact on a Crustacean Zooplankton in Lake Llanquihue (Chile)”, junto a su material suplementario, donde se analizan descargas en la bahía de Puerto Varas y su relación con alteraciones en la comunidad zooplanctónica. Pese a la publicación y difusión de estos antecedentes a autoridades en ese año, comentan a The Puerto Varas nunca tuvieron respuestas o medidas proporcionales a la evidencia presentada.

Entre el año 2019 y 2022 hicieron trabajo en terreno y observaron descargas de agua con tonalidades verdosas y blancas fluorescentes que ingresaban directamente al lago. En ese entonces, los análisis detectaron concentraciones relevantes de nutrientes y la presencia de metales como hierro, manganeso y cobre en los efluentes evaluados. Estos parámetros no solo describen una condición química: permiten establecer presión antrópica sobre un ecosistema que históricamente ha sido catalogado como oligotrófico, es decir sano.

Uno de los hallazgos centrales fue el comportamiento de Daphnia, un microcrustáceo planctónico clave en la cadena trófica acuática. El estudio evidenció individuos de menor tamaño y una baja abundancia relativa en sectores influenciados por descargas, un patrón consistente con estrés ambiental y exposición a contaminantes. La reducción en tamaño y densidad de Daphnia implica una alteración en la base de la red alimentaria del lago, con potenciales efectos en peces y en el equilibrio ecológico general del sistema.

En su investigación de hace cuatro años hallaron presencia de metales en el lago. ¿Qué encontraron y por qué es relevante?

Juan Alejandro Norambuena (JAN): Sí, eso es un punto muy importante y que a veces queda menos visible cuando se habla de contaminación, porque generalmente la discusión se centra solo en nutrientes. Sin embargo, en nuestros estudios también observamos la presencia de metales en ciertos sectores del lago.

Estos metales no siempre están en concentraciones que superen inmediatamente una norma, pero el problema es su acumulación y su efecto crónico en el ecosistema. Algunos metales pueden absorberse a sedimentos y quedar disponibles para los organismos bentónicos, que luego son consumidos por otros organismos, generando procesos de bioacumulación y eventualmente biomagnificación.

Esto es especialmente relevante en un lago cómo Llanquihue, donde existe una cadena trófica compleja y donde muchas especies dependen de organismos pequeños que están en contacto directo con el sedimento y el agua.

Patricia Poblete (PP): Además, desde una mirada más integral, los metales no siempre vienen de una sola fuente. Pueden tener origen natural, pero también pueden estar asociados a actividades humanas, como descargas urbanas, residuos industriales, o incluso arrastre desde suelos intervenidos.

Lo preocupante es que muchas veces estos metales no son monitoreados de forma sistemática. Entonces no tenemos una línea base clara que nos permita decir si están aumentando, disminuyendo o manteniéndose estables en el tiempo.

En el estudio mencionan a Daphnia como un organismo clave. ¿Por qué es tan importante?

JAN: Daphnia es un organismo fundamental en los ecosistemas lacustres. Es un pequeño crustáceo planctónico que cumple un rol clave como consumidor primario, alimentándose de microalgas, y al mismo tiempo es alimento para peces y otros organismos de niveles tróficos superiores.

Cuando Daphnia está presente en buenas condiciones y en abundancia adecuada, actúa como un regulador natural del fitoplancton, ayudando a controlar el crecimiento excesivo de algas.

En nuestros estudios hemos observado que en ciertos sectores del lago hay una disminución en la abundancia o en la condición de Daphnia, lo que puede estar relacionado con cambios en la calidad del agua, presencia de contaminantes o alteraciones en el equilibrio del ecosistema.

PP: Desde una mirada educativa, Daphnia es un excelente indicador porque permite explicar de forma muy clara cómo funcionan las relaciones ecológicas. Cuando desaparece o se ve afectada, no es solo que “falta un bicho”, sino que se rompe un equilibrio completo.

Si Daphnia disminuye, las algas pueden crecer sin control, lo que a su vez afecta la transparencia del agua y genera condiciones más favorables para procesos de eutrofización. Es como una señal de alerta temprana de que algo no está funcionando bien en el sistema.

También hablan del proceso de eutrofización del lago. ¿Qué significa que ocurra esto?

JAN: La eutrofización es un proceso ecológico que ocurre cuando un cuerpo de agua recibe un exceso de nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo. Estos nutrientes funcionan como fertilizantes, lo que provoca un aumento en la producción de algas y plantas acuáticas.

En una primera etapa, este proceso puede parecer incluso natural, pero cuando se intensifica, genera problemas importantes. Al aumentar la biomasa de algas, cuando estas mueren y se descomponen, consumen grandes cantidades de oxígeno disuelto en el agua. Esto puede generar condiciones de hipoxia o anoxia, es decir, bajos niveles de oxígeno o ausencia total de oxígeno, lo que afecta gravemente a peces, invertebrados y otros organismos acuáticos.

Además, algunas algas, especialmente las cianobacterias, pueden producir toxinas que son peligrosas para la salud humana y animal. Por eso la eutrofización no es solo un problema ambiental, sino también un problema sanitario y social.

PP: Algo importante es que la eutrofización no ocurre de un día para otro. Es un proceso lento, acumulativo, muchas veces silencioso. Cuando se empiezan a ver los efectos más evidentes, como floraciones masivas de algas o cierres de playas, el problema ya lleva años desarrollándose.

Por eso es tan importante la prevención. No podemos esperar a que el lago esté completamente afectado para recién reaccionar. Cuando eso ocurre, las soluciones son mucho más difíciles, más costosas y a veces incluso irreversibles.

¿Existe relación entre metales, Daphnia y los procesos de eutrofización?

JAN: Sí, absolutamente. Los metales pueden afectar directamente a organismos sensibles como Daphnia, incluso a concentraciones relativamente bajas. Esto puede alterar su reproducción, su crecimiento o su supervivencia.

Si Daphnia se ve afectada, se pierde uno de los principales controles biológicos del fitoplancton. Entonces, aunque el aumento de algas esté impulsado principalmente por nutrientes, la ausencia o disminución de estos organismos reguladores agrava el problema.

Es un efecto combinado: nutrientes que aumentan la productividad algal y contaminantes que afectan a los organismos que deberían controlar ese crecimiento.

PP: Y eso es algo que muchas veces cuesta transmitir, porque no es un problema lineal. No es solo “hay fósforo, entonces hay algas”. Es un sistema complejo donde distintos factores interactúan.

Por eso insistimos tanto en que el análisis del lago debe ser integral, considerando aspectos físicos, químicos y biológicos, y no solo uno de ellos de manera aislada.

¿Cómo describirían hoy el estado ambiental del Lago Llanquihue?

JAN: Desde una mirada científica, el Lago Llanquihue presenta actualmente un estado que no es homogéneo en toda su extensión. Es un lago muy grande, por lo tanto, no se puede hablar de una sola condición general. Existen sectores que todavía mantienen características oligotróficas, es decir, con baja concentración de nutrientes, aguas relativamente claras y baja productividad biológica.

Sin embargo, también existen sectores que muestran claramente una transición hacia estados mesotróficos, lo que significa un aumento en la disponibilidad de nutrientes como nitrógeno y fósforo. Esto es preocupante porque indica un cambio en el equilibrio natural del lago, que históricamente fue oligotrófico, es decir sano.

Cuando uno analiza datos históricos y los compara con datos actuales, se observa una tendencia progresiva al aumento de nutrientes en ciertos sectores del lago, especialmente en zonas cercanas a centros urbanos, desembocaduras de esteros y áreas con mayor presión antrópica.

PP: Desde una mirada más territorial y ciudadana, ese diagnóstico se refleja en cosas muy concretas. Hay sectores del lago donde antes no se veían algas y hoy aparecen de manera recurrente. Hay playas donde el agua cambia de color, donde se acumulan macroalgas, y donde las personas comienzan a preguntarse si es seguro bañarse o no.

También se percibe un cambio en los olores del agua en ciertos momentos del año, especialmente después de lluvias intensas o en periodos de altas temperaturas. Todo eso genera preocupación en la comunidad, porque el lago no es solo un ecosistema, sino también un espacio de recreación, turismo y vida cotidiana para muchas personas.

¿Cuáles son las principales fuentes de estos nutrientes que están afectando al lago?

Juan Alejandro Norambuena: Las principales fuentes de nutrientes son de origen antrópico. Una de las más relevantes es la descarga de aguas servidas, tanto domiciliarias como provenientes de sistemas de tratamiento que no funcionan adecuadamente o que simplemente no existen.

Muchas viviendas en la cuenca no están conectadas a sistemas de alcantarillado y utilizan fosas sépticas u otros sistemas individuales que no siempre cumplen con la normativa o que no tienen un mantenimiento adecuado. Eso genera filtraciones de nutrientes hacia el suelo y eventualmente hacia los cuerpos de agua.

También existe un aporte importante desde actividades agrícolas y ganaderas, principalmente a través de la escorrentía superficial. Durante eventos de lluvia, los fertilizantes y residuos orgánicos presentes en los suelos son arrastrados hacia esteros y ríos que desembocan en el lago.

A eso se suma el crecimiento urbano desordenado, las parcelaciones, y la falta de una planificación territorial que considere la capacidad de carga del ecosistema lacustre.

Patricia Poblete: Yo agregaría que muchas veces se tiende a buscar un solo culpable, pero en realidad es la suma de múltiples factores. No es solo el campo o solo la ciudad, sino un modelo de desarrollo que no ha considerado al lago como un sistema frágil.

Además, hay una falta importante de fiscalización y también de educación ambiental. Muchas personas no son conscientes de que lo que hacen en su casa, en su parcela o en su emprendimiento termina afectando directamente al lago. Esa desconexión entre nuestras acciones y las consecuencias ambientales es muy peligrosa.

¿Qué se puede hacer para gestionar esta situación?

JAN: La principal implicancia es que no basta con medir un par de parámetros una o dos veces al año. Se necesita un monitoreo constante, robusto y multidisciplinario.

Es fundamental incluir indicadores biológicos como Daphnia, análisis de sedimentos, presencia de metales, además de los clásicos nutrientes. Solo así se puede entender realmente qué está pasando en el lago y anticiparse a escenarios más complejos.

PP: Desde la gestión, también implica reconocer que el lago es un sistema vivo y dinámico. Las decisiones de planificación territorial, de desarrollo urbano y de actividades productivas tienen impactos directos en este equilibrio.

Si no se incorporan estos conocimientos en la toma de decisiones, vamos a seguir reaccionando tarde, cuando los problemas ya están instalados.

¿Qué rol juega la educación ambiental frente a este escenario?

PP: La educación ambiental es clave. No puede ser algo puntual ni anecdótico. Tiene que ser un proceso continuo, territorializado, que permita a las personas entender cómo funciona el ecosistema del lago, por qué es importante cuidarlo y cómo sus acciones cotidianas influyen directamente en su estado de salud.

Cuando las personas entienden esto, cambia su relación con el entorno. Hemos visto que, a través de experiencias de monitoreo ciudadano, la gente comienza a involucrarse más, a preguntar, a exigir información y a participar activamente en la protección del lago.

JAN: La educación ambiental también permite generar una ciudadanía más informada y crítica. Una comunidad que entiende los procesos ecológicos puede exigir mejores políticas públicas, mejores normativas y una fiscalización más efectiva.

La ciencia por sí sola no basta si no se traduce en conocimiento accesible. Es fundamental que los resultados científicos lleguen a la comunidad de manera clara y comprensible.

¿Qué mensaje les gustaría dejar a la comunidad y a las autoridades?

PP: Que el Lago Llanquihue no es infinito ni inmune. Es un ecosistema frágil que ya está dando señales claras de estrés.

Todavía estamos a tiempo de actuar, pero eso requiere voluntad política, compromiso ciudadano y una mirada de largo plazo. No basta con declaraciones, se necesitan acciones concretas y sostenidas.

JAN: Coincido plenamente. La ciencia está mostrando señales claras. Ahora la pregunta es qué vamos a hacer con esa información.

Proteger el lago no es solo una responsabilidad ambiental, es una responsabilidad social, sanitaria y cultural. El lago es parte de la identidad de este territorio y cuidarlo es cuidar también la calidad de vida de quienes vivimos aquí.