Carlos García, investigador U. de Chile sobre contaminación el Lago Llanquihue: “Si esto sigue así, vamos a encontrar en algún momento floraciones nocivas más recurrentes”
Carlos García, académico que lidera el proyecto de monitoreo e investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica el estado actual del Lago Llanquihue, la evolución de los índices de coliformes desde marzo y las diferencias entre los registros oficiales y los estudios con mayor frecuencia de muestreo.
Por Cristóbal Arriagada Ahumada
En marzo pasado investigadores advirtieron sobre la presencia de coliformes fecales y variaciones en parámetros físico-químicos en distintos puntos del Lago Llanquihue. Casi un año después, la discusión sobre el estado real del lago continúa abierta, especialmente tras nuevos episodios de contaminación en la bahía urbana de Puerto Varas.
En entrevista con The Puerto Varas, el investigador Carlos García aborda la evolución de esos indicadores y sostiene que, desde el punto de vista científico, el lago presenta actualmente una condición mesotrófica, es decir, un estado intermedio entre oligotrófico y eutrófico, considerando un análisis ampliado de puntos de monitoreo y variables. Eso significa que no está completamente sano.
El académico representa a Chile en el proyecto “Evaluación de la contaminación ambiental orgánica e inorgánica en ambientes acuáticos” del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, financiado por la Agencia Internacional de Energía Atómica a través de una red regional de laboratorios en Latinoamérica y el Caribe. El estudio se desarrolla en coordinación con los municipios de Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar y Puerto Octay, e incluye cerca de 10 puntos de monitoreo en cada comuna. La investigación contempla análisis en cuatro niveles —morfológico, molecular, físico-químico e isotópico— siendo este último clave para determinar el origen del contaminante, ya sea agrícola, urbano, industrial o asociado a escorrentía.
¿Cuál es hoy el estado del Lago Llanquihue en términos de contaminación y su salud?
Bueno, para establecer la salud de un cuerpo de agua se utiliza el término de estado trófico. Y para definir el estado trófico se utilizan distintas variables de medición, principalmente desde el punto de vista físico-químico, que son nutrientes: distintos tipos de nitrógeno, nitrógeno total, nitritos, nitratos, amonio, fósforo, el índice de clorofila, entre otros parámetros.
Los datos del lago actualmente, de acuerdo a los datos que nosotros hemos tenido en terreno, nos llevan a una condición de estado mesotrófico, es decir, un estado intermedio.
Actualmente la Dirección General de Aguas realiza análisis entre una o dos veces al año, dependiendo del tipo de evaluación, y sus datos lo catalogan como oligotrófico. Pero cuando el análisis es más amplio, dado que el lago es muy grande, uno requiere evaluar muchos puntos a nivel zonal.
Cuando uno tabula esos datos y hace análisis más complejos, con más de 50 puntos de evaluación, se observa que el cuerpo de agua tiene muchas variaciones. Y esas variaciones, al analizar los datos en conjunto, lo llevan a un estado medio.
¿Qué consecuencias puede tener este escenario si se mantiene?
En el corto plazo, si los índices de contaminación se mantienen, y estos contaminantes no son solo agrícolas o lácteos, sino también antrópicos, es decir, provenientes de las ciudades, el sistema tiende a disminuir su equilibrio ecosistémico y tiende a aumentar la presencia de micro y macroalgas, que no necesariamente en su inicio son nocivas.
Un ejemplo directo es lo que ocurrió hace un par de semanas en Frutillar, donde parte de la playa presentó un florecimiento de macroalgas que anteriormente había sido detectado en 2016 en la misma zona.
Estos contaminantes, que van variando, se suman a otros componentes como la variabilidad de la luz, la intensidad de la luz, la variación de las precipitaciones. Todo esto, junto con el estado trófico, genera condiciones adecuadas para que ocurran florecimientos, ya sean de macro o microalgas.
En el largo plazo, si esto tiende a aumentar y se hace más constante en los periodos estacionales, vamos a ver más proliferaciones de distintos tipos. Eso conlleva que algunas playas, por ejemplo, aquellas destinadas a fines recreativos, no puedan utilizarse porque estarán obstaculizadas por macro o microalgas.
Desde el punto de vista turístico no cumplirían los objetivos recreativos. Probablemente tampoco estas aguas podrían ser utilizadas para otros fines, como regadío u otras actividades.
En marzo ustedes advirtieron la presencia de coliformes fecales. ¿Cómo ha evolucionado esa situación?
Los índices de coliformes desde el año 2016 a la fecha tienen niveles variables. Depende de la época del año. Tienden a aumentar en invierno por el curso de las lluvias y por el avance de la canalización de aguas lluvia mezcladas con aguas servidas en ciertos puntos críticos, especialmente en zonas urbanas como Puerto Varas.
En verano también hay periodos críticos dependiendo de la zona, y ahí generalmente son playas recreativas, donde existen viviendas que no están incorporadas al sistema de alcantarillado. De alguna manera, legal o ilegalmente, existe una evacuación de estos residuos hacia playas con fines recreativos.
Cuando se realiza un monitoreo constante, por ejemplo, en verano, se observan índices de coliformes fecales por sobre la norma. Ahora bien, una cosa es el estudio que realizamos nosotros y otra es lo que realiza la autoridad correspondiente, que es la Seremi de Salud. Ahí se genera una brecha, porque si uno mira el historial de datos históricos, esos monitoreos no son constantes.
Desde el punto de vista de la autoridad pareciera que esa condición solo se presenta en ciertas épocas del año. Pero cuando uno hace un estudio constante, se da cuenta de que los niveles tienden a aumentar siempre en el primer trimestre del año. Tienen variaciones, obviamente no es constante, pero tampoco es que el lago esté en condiciones óptimas desde el punto de vista de coliformes.

¿Ha cambiado algo desde marzo?
No ha cambiado mucho. Para que se produzca un cambio real deben existir medidas grandes de mitigación, como establecer conexiones formales a alcantarillado.
Entiendo que la autoridad ha generado un catastro interesante respecto a la cantidad de viviendas que no cumplen con conexión adecuada y se ha planteado un plan de trabajo para revertir esa situación. Pero entre las ciudades existen muchas casas que no utilizan alcantarillado formal, sino otros sistemas. Y la pregunta es si esas instalaciones cumplen realmente con la normativa establecida. La fiscalización en ese punto debe optimizarse y mejorar.
Las parcelaciones han aumentado considerablemente. Son más de 10.000 aproximadamente. No tenemos certeza de que todas cumplan con la normativa adecuada para el tratamiento de residuos orgánicos domiciliarios.
¿En qué etapa está el Lago Llanquihue frente al Vichuquén o Villarrica?
La comparación parte de la misma base: aumento de contaminantes antrópicos y agrícolas o industriales. La diferencia está en la magnitud corporal, es decir, qué tan grande es el lago. Villarrica es más pequeño que Llanquihue. Y Vichuquén es aún más pequeño.
En el caso de Vichuquén, la contaminación generó un florecimiento de cianobacterias con impacto no solo ambiental sino en salud pública. Eso se tradujo en la mortandad de aproximadamente nueve o diez mascotas. Ese es un impacto primario antes de un impacto mayor en la salud humana.
En Villarrica también ha habido eventos recurrentes, y actualmente se están evaluando lagos cercanos para ver si existe contaminación vectorial transportada por personas o artefactos de veraneantes.
En el caso del Llanquihue, no hay registros claros de mortandad animal, pero sí existen registros de reacciones alérgicas cutáneas en personas, sobre todo en niños. La pregunta es si esa trazabilidad tiene relación con microalgas. Es un estudio que aún se está evaluando.
El Lago Llanquihue está lejos del nivel de Vichuquén, pero eso no significa que no estemos avanzando hacia efectos nocivos si la contaminación continúa. Si esto sigue así, vamos a encontrar en algún momento floraciones nocivas más recurrentes, probablemente acotadas a ciertos sectores y no a todo el lago, porque el lago es muy grande. El cambio climático además va favoreciendo que esto sea más recurrente, sobre todo en primavera.
¿Qué lecciones debería estar tomando hoy la cuenca?
Primero, evaluar si la norma secundaria del lago está actualizada y si los máximos regulatorios son adecuados para prevenir eventos de contaminación. La norma secundaria vela por el bienestar del ecosistema y la norma primaria vela por la salud pública. A nivel nacional es necesario trabajar en establecer una norma primaria para lagos.
En Sudamérica son pocos los países que la tienen. Brasil y Uruguay son referentes, principalmente porque enfrentan problemas graves de salud pública. Nosotros aún estamos en una etapa preventiva. Pero la mortandad de mascotas en otros lagos ya nos da una señal de alerta.
¿Cómo evalúas las medidas de Frutillar como humedales artificiales y Puerto Varas con monitoreo permanente?
Primero hay que definir qué contaminante se quiere disminuir. Para implementar un humedal artificial se necesita un estado basal de datos: saber cuál es el rango de contaminante, qué especies utilizar, cómo diseñarlo.
En la literatura, por ejemplo, en Frutillar, se mencionan cuatro aportantes principales de agua, pero en periodos de lluvia pueden multiplicarse por cien. La sola bahía de Sutiaba puede tener 10 o 15 aportantes en invierno, arrastrando distintos contaminantes. Para que un humedal cumpla su rol debe evaluarse constantemente si efectivamente disminuye el contaminante.
Lo mismo ocurre con el monitoreo: no es solo medir, es medir con laboratorios acreditados, con técnicas normalizadas, con trazabilidad desde la toma de muestra hasta el análisis. Se deben definir bien los puntos de muestreo y la frecuencia anual. Si uno selecciona solo puntos de bajo impacto, puede obtener datos favorables que no representan la realidad completa.
