En Odontología, el tiempo también es parte del tratamiento. Por: Dr. Manuel Ponce Reyes Cirujano Dentista Sub director y dueño de centro médico y dental Manhood-Ponce Puerto Varas. Especialista en Odontopediatría, Radiología Oral y Maxilofacial y Ortodoncia
En odontología solemos hablar de tecnología, materiales, especialización y experiencia profesional. Sin embargo, existe otro factor fundamental del que se habla mucho menos: el tiempo que realmente se dedica a cada paciente.
Un procedimiento odontológico no debería medirse solamente por el resultado final que observamos a simple vista. También importa cómo se llegó a ese resultado, cuánto se revisó, cuánto se limpió, cuánto se diagnosticó y cuánto tiempo se destinó a trabajar cuidadosamente cada zona de la boca.
Un ejemplo muy sencillo es una limpieza dental profesional.
Aunque la duración siempre debe adaptarse a las condiciones particulares de cada paciente —cantidad de cálculo, inflamación gingival, presencia de manchas, restauraciones, implantes, ortodoncia y otros factores—, en nuestra práctica consideramos que reservar alrededor de 45 minutos como mínimo para una limpieza completa permite realizar el procedimiento con la dedicación que buscamos.
¿Por qué tanto tiempo?
Porque una limpieza no consiste simplemente en pasar rápidamente un instrumento por los dientes. Significa revisar y trabajar de manera sistemática, prácticamente diente por diente y superficie por superficie.
En una persona adulta podemos estar hablando de 28 dientes o más. Cada uno presenta una cara hacia la mejilla o los labios, otra hacia la lengua o el paladar y superficies de contacto con los dientes vecinos. Hay zonas de acceso sencillo y otras mucho más complejas.
Además, durante ese tiempo el profesional puede observar las encías, la acumulación de placa bacteriana, el cálculo dental, el sangrado, las manchas, restauraciones defectuosas o determinados signos que podrían justificar un examen más profundo.
Por eso, cuando un procedimiento que requiere atención minuciosa debe realizarse en períodos excesivamente cortos, inevitablemente aparece una pregunta: ¿realmente existe tiempo suficiente para detenerse en cada zona?
Y aquí es importante hacer una distinción.
Muchas veces esto no depende del odontólogo.
Existen excelentes profesionales trabajando dentro de sistemas de atención de gran volumen o mas conocidos como megaprestadores, donde las agendas pueden asignar tiempos muy reducidos por paciente. El colega puede tener toda la intención de realizar un trabajo meticuloso, pero encontrarse obligado a cumplir horarios extremadamente ajustados, atender una gran cantidad de personas durante la jornada y mantener determinados niveles de producción.
Ese modelo transforma el tiempo clínico en una variable económica.
Y nosotros creemos que debería seguir siendo, ante todo, una variable sanitaria.
En odontología existe una realidad difícil de evitar: para hacer ciertas cosas bien se necesita tiempo.
Tiempo para conversar con el paciente.
Tiempo para examinar.
Tiempo para diagnosticar.
Tiempo para trabajar cada diente.
Tiempo para comprobar.
Y también tiempo para explicar qué encontramos y qué podemos hacer para conservar la salud bucal en el futuro.
Una consulta odontológica no debería convertirse en una carrera contra el reloj.
Por eso nuestra manera de entender la profesión busca entregar tiempos clínicos amplios. Preferimos atender menos pacientes durante una jornada si eso significa poder dedicar mayor atención a cada uno.
Porque finalmente la odontología no debería evaluarse solamente por cuántos procedimientos se realizan en un día.
También debería evaluarse por cuánto cuidado existe dentro de cada procedimiento.
Y muchas veces ese cuidado comienza con algo tan sencillo como mirar el reloj y comprender que los minutos que dedicamos a un paciente no son tiempo perdido.
Dr. Manuel Ponce Reyes
Cirujano Dentista
Sub director y dueño de centro medico y dental Manhood-Ponce Puerto Varas.
Especialista en Odontopediatría, Radiología Oral y Maxilofacial y Ortodoncia
