Educar desde el vínculo. Por Macarena Tolosa Habit. Directora Proyecto Explora. Educadora de Párvulos. Profesora de Educación básica. Magister en Educación

Hoy en día, existen niños y niñas que llegan a un espacio educativo habiendo aprendido algo que nunca debieron aprender: que sus emociones incomodan, que sus necesidades son excesivas, que pedir ayuda no siempre sirve y que, a veces, el lugar donde deberían sentirse protegidos puede convertirse en un lugar de sufrimiento.

Historias hay muchísimas, niños con fobias severas a entrar en salas de clase porque ahí fueron maltratados y humillados, niños que pidieron ayuda a los adultos que debían protegerlos y no recibieron apoyo, niños que asisten a especialistas en salud mental infantil y aun así, no logran dilucidar qué les ocurrió. Por otro lado, hay muchos niños que presentan desafíos en el procesamiento sensorial y es por esto, que están incómodos con su cuerpo. Esa diferencia los limita profundamente en su proceso de enseñanza-aprendizaje, por lo tanto, hay que agotar todas las opciones para lograr que se sientan tranquilos en su propio cuerpo y así abiertos a todas las experiencias que vivirán durante el día.

En el Proyecto Explora partimos de una convicción diferente: antes de exigir aprendizajes, debemos construir las condiciones para que estos puedan ocurrir.

Un niño necesita saber que será escuchado, que su cuerpo merece sentirse cómodo, que sus emociones tienen sentido y que ningún adulto permitirá que otro lo dañe. Necesita descubrir que pedir ayuda no es una debilidad y que su manera particular de ser, sentir y comprender el mundo tiene valor.

Porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos. También implica ayudar a cada niño a reconocerse como alguien valioso, capaz de aprender, de vincularse y de aportar a la sociedad. El verdadero desafío de la educación no es conseguir que todos los niños aprendan de la misma manera, sino construir espacios donde ninguno tenga que dejar de ser quien es para poder aprender.

Con orgullo vemos cómo, esta forma de recibir a los niños en el Proyecto Explora, tiene por resultado que quienes no querían acercarse nuevamente a un colegio lo hagan con voluntad y alegría. Quienes no tenían amigos para compartir, ahora recorren los jardines riendo junto a sus compañeros, que quienes pensaban que pedir ayuda era malo y símbolo de deslealtad hacia su grupo, ahora se acerquen con confianza a cualquier adulto a pedir que lo apoyen para resolver situaciones y conflictos.

Finalmente, el mayor aprendizaje que podemos ofrecer a los niños no está en los libros ni en contenidos académicos específicos, sino en la experiencia de sentirse profundamente respetado, escuchado y valorado. En comprender que sus emociones importan, que sus necesidades merecen atención y que su manera de ser tiene un lugar en el mundo. Educar implica también cuestionar nuestras propias prácticas, reconocer aquello que debemos transformar y asumir que el bienestar emocional no es un complemento del aprendizaje, sino una condición esencial para que éste ocurra. Nuestra responsabilidad hacia la infancia es ofrecer las condiciones para que nadie quede fuera del sistema, en Explora todos son bienvenidos.