Carnaval del Sur: 18 años de creación colectiva y el desafío de sostener una obra comunitaria
Carolina Cruz Correa, fundadora y directora general de Carnaval del Sur, espera el resultado de gestiones con empresas en Santiago para resolver la apertura masiva en el cerro Philippi. Las actividades con los elencos y programas formativos seguirán adelante, pero el financiamiento del festival continúa pendiente. En entrevista con Puertos, aborda la fragilidad económica del proyecto, el trabajo comunitario y el deterioro de los mosaicos del pasaje Eduardo Ricke.
Carolina Cruz Correa, fundadora y directora general de Carnaval del Sur, todavía no sabe si este año podrá abrir el cerro Philippi al público general. Mientras los elencos se preparan para noviembre, la decisión depende de recursos que busca conseguir mediante gestiones con empresas en Santiago.
«Ahora, abrir puertas a las 10.000 personas que llegan en un buen día, eso no lo tengo claro hoy. Eso va a depender de la empresa privada y de la gestión de otros, porque yo ya tiré la pelota. Tenemos gestores en Santiago porque acá en la región no nos ha ido muy bien. Hay un gestor comercial que está en Santiago hoy hablando con empresas grandes».

En conversación con Puertos, programa de The Puerto Varas y The Puerto Montt, Carolina fijó un plazo: «Tenemos dos semanas para cerrar la gestión económica, tiempo límite».
Cuenta con permiso para utilizar el cerro los días 27 y 28 de noviembre y prepara actividades con los participantes de sus programas. Sin embargo, también expresa el deseo de concentrar esta edición en las familias vinculadas al proyecto.
«Si esa empresa pone los recursos para abrir puertas, estoy obligada a hacerlo por el compromiso que conlleva una donación, pero me encantaría cerrarlo a las 650 familias».
«Yo tengo el compromiso con toda la familia y todos esos niños que son parte del elenco ciudadano, con los 300 niños de Crea tu elenco y con los 35 niños de Laboratorio de Creación, y voy a hacer algo dentro de mis posibilidades».
Dieciocho años de una idea comunitaria
La agrupación Carnaval del Sur nació en 2008 y la fundación se constituyó en 2013. Su trayectoria combina formación artística, patrimonio natural y cultural, festivales e intervenciones en espacios públicos. La máscara teatral y la pedagogía de Jacques Lecoq forman parte de las bases de un trabajo desarrollado con escuelas, juntas de vecinos y residencias de niños y adolescentes.
Carolina sitúa el origen social de la iniciativa en sus primeros recorridos por las poblaciones de Puerto Varas y en la relación con las dirigentas barriales.
«Me planteé hacer un programa de innovación social, de cohesión social para que en un espacio tan elitista como Puerto Varas se pudiera integrar todo el mundo. Ese fue mi sueño».
«Implementamos varias sedes sociales en ese momento, por lo menos cinco, para hacer actividades culturales con actrices, profesoras de arte, voluntarias que conocí acá. Fue un trabajo amoroso y eso hizo que Carnaval del Sur no tuviera esa connotación quizás de un evento de elite. Era bonito y la gente confunde que el arte de calidad es para los segmentos más altos y eso jamás fue mi intención, todo lo contrario».
La experiencia del teatro comunitario que conoció en Buenos Aires también contribuyó a imaginar un elenco compuesto por vecinos, donde participar no exigiera ser actor profesional. La formación y la dirección artística debían permitir construir una obra entre personas con experiencias distintas.
«Yo tengo que hacer el proyecto, ganarlo, administrarlo, gestionar, diseñar, componer y hacer que todo esto se materialice de buena forma. Porque un trabajo artístico colectivo es una cosa, un trabajo colectivo con sello y con dirección artística es otra cosa. Entonces, Carnaval del Sur hace lo segundo».
Hoy, la colaboración continúa en la preparación del festival. La Junta de Vecinos del sector El Mirador, junto con familias y apoderados, participa en el lavado, reparación y clasificación de los vestuarios.
«Yo creo que Carnaval del Sur tiene una comunidad amorosa importante. Hay un cariño que es lo que mantiene, yo creo, viva la intención de seguir haciéndolo».

De Venecia a Puerto Varas: un modelo pendiente
El vínculo con Venecia, donde Carnaval del Sur presentó personajes inspirados en las rosas de Puerto Varas y las aves del bosque de Palena, permitió conocer una estructura de producción que Carolina quiso trasladar a Chile.
«Durante tres años consecutivos fui a Venecia para conocer el modelo. Al segundo año me presentan al director del Carnaval de Venecia. Él se interesa por recibirme, una persona con un perfil bastante empresarial, comercial. Yo dije: “Bueno, vamos a ver qué me dice”. Y fue muy generoso».
De esas conversaciones recogió la idea de combinar un presupuesto público de base con aportes de empresas. En sus recorridos por la ciudad, los comerciantes también le hablaban de los ingresos que las grandes celebraciones generaban para sostener sus negocios.
«Me pareció súper interesante poder traer ese modelo a Puerto Varas y creo que todavía no lo hemos logrado implementar».
La gratuidad de la participación sigue siendo una condición de su propuesta.
«Jamás le voy a exigir a un niño, a un apoderado que da su corporalidad, su momento, su tiempo y todo al servicio de la comunidad, además exigirle una cuota de incorporación […]. El modelo está diseñado para que sea público privado».
«Pensé cerrar la fundación»
La pérdida de un apoyo del Servicio del Patrimonio, con el que habían trabajado durante varios años, abrió una crisis que Carolina enfrentó con recursos personales.
«Fue muy duro tener que dar la cara ante el directorio y decir: “Pucha, se hizo todo esto. Yo invertí en el presupuesto, yo como persona natural, y, bueno, no están los fondos”. Era septiembre, salimos a pedir ayuda a las empresas, a diferentes organismos, a la seremía. Fue muy difícil y yo pensé cerrar la fundación, decir: “Ya, bueno, hasta acá llegamos”».
Después de una licencia médica y un período de descanso, la adjudicación de una licitación vinculada al Fondo de Cultura Puente Chacao permitió reorganizar el trabajo y contratar un equipo. Según relató, también obtuvo un apoyo del Ministerio de las Culturas después de once años de postulaciones.
El financiamiento específico del festival, sin embargo, siguió pendiente. Este año no consiguieron un fondo del Gobierno Regional que, de acuerdo con su explicación, cubría alrededor del 10% de su presupuesto.
«Llevo postulados 19 fondos. Muchos de esos fondos, los resultados salen el próximo año, o sea, enero. Por ende, para este año no sirve».
«Este año para mí ha sido ordenar las finanzas de la fundación. Puse todo lo que tenía, lo poco y nada que tengo material, a disposición de la fundación para que la fundación no muriera y estoy ordenando todo».
Carolina señaló que el Gobierno Regional apoyaría mediante una pequeña asignación directa destinada a las ceremonias de cierre de los programas. Respecto del municipio, explicó que deben regularizar una rendición antigua para volver a acceder a una subvención.
«Vamos a tener que reintegrar ese recurso para quedar en cero y poder acceder a la subvención municipal».
El trabajo detrás de la función
Una máscara requiere ocho días de elaboración por sus procesos de secado. Un vestuario complejo puede tomar tres jornadas. Según Carolina, la producción del festival llega a movilizar a 88 personas y un elenco de entre 200 y 300 participantes, además de los adultos responsables que acompañan a los niños.
La preparación incluye formación, ensayos, diseño sonoro, alimentación, seguridad y traslados. Durante los últimos años también han contratado a dos psicólogas para acompañar a los participantes.
«Carnaval del Sur recibe niños sin exclusión. También se presenta la neurodivergencia en Carnaval del Sur y para eso estos últimos años hemos contratado dos psicólogas que están permanentemente viendo los procesos».
Las clases se realizan en una casona donde caben unas 15 personas por grupo. La coordinación y las comunicaciones tampoco cuentan con todos los profesionales que Carolina considera necesarios.
«No tengo la capacidad de respuesta que la gente se merece y eso es porque todavía Carnaval del Sur no puede tener un periodista contratado que maneje las comunicaciones de manera permanente y así como otras áreas».
Después de cada edición comienza la recuperación de los materiales: descargar, clasificar, limpiar, secar y reparar.
«Todo ese apresto, por muchos años lo hice sola. Me demoraba dos meses en mi casa con un agobio mental que no me dejaba hacer otras cosas».
La lluvia de la última edición agravó ese trabajo y dañó máscaras, vestuarios y equipos. Carolina recuerda especialmente a los niños empapados, la búsqueda de ropa seca y las horas dedicadas a cambiarlos.
«Y ya cuando pasó ese boom, porque no paré de cambiar niños, salí, se abrió el sol y yo me puse a llorar y dije: “¿Para qué hago esto? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué me tengo que someter año a año?”».
La continuidad requiere, a su juicio, una estructura que permita distribuir responsabilidades.
«Me encantaría tener un equipo o un par de partners. La gente dice: “Ay, clonar unas Carolinas”. No, no se trata de clonar unas Carolinas, se trata de encontrar gente que complemente, que entre todos nos apoyemos».
Pasaje Eduardo Ricke: la mantención de los mosaicos
Las intervenciones en espacios públicos han dejado otra huella de Carnaval del Sur en Puerto Varas. En el pasaje Eduardo Ricke, el deterioro de los mosaicos abre una discusión sobre quién se hace cargo de conservar el trabajo entregado a la comunidad.
Carolina cuenta que recibe correos y fotografías reclamándole por la suciedad o por tramos dañados.
«Nosotros como institución privada, porque tengo que decir que somos instituciones, no tenemos los recursos para contratar gente para estar limpiando la escalera todos los meses. Eso le corresponde a la municipalidad o alguna empresa generosa que diga, o por último la comunidad que se organice».
Recuerda que debieron intervenir nuevamente después de que una máquina de Suralis dañara parte de la obra. La reacción que entonces provocó el episodio contrasta, en su relato, con la dificultad de sostener su cuidado cotidiano.
«La comunidad se manifestó y quedó la escoba, pero el trabajo se hace todos los días».
«¿Tú crees que con todo lo que hay que hacer para mantener siete programas gratuitos, además de trabajar para el Estado como expertos en cultura para poder recibir sueldos y sostener una organización, tenemos tiempo para ir a limpiar con voluntarios la escalera Ricke?».
La posibilidad de colaborar en esa mantención vuelve al mismo punto: contar con una base de trabajo.
«Podríamos si tuviéramos una base, gente a quien delegarle el trabajo. Hasta yo lo haría quizás con mi familia y nos daría ganas de hacerlo, pero hoy no nos da ganas».
Formación y proyección internacional
Las actividades comprometidas para noviembre incluyen una muestra del Laboratorio de Creación, que trabaja con 35 niños de tres residencias, y el cierre de Crea tu elenco teatral, desarrollado con diez escuelas regionales y alrededor de 300 estudiantes a partir del libro El otro bosque.
Para la muestra del laboratorio, Carolina busca una colaboración concreta.
«Me encantaría invitar a filántropos a esa muestra. Había pensado invitar a autoridades, pero la verdad es que quiero invitar a filántropos porque si ese filántropo puede ser un aporte en lápices, en papel, en todos los materiales que ocupamos, en arcilla, en supermercado para las clases de cocina, en un saco de harina, todo eso es mucho más valioso y ellos van a mostrar orgullosos el trabajo que hicieron durante un año».
En paralelo, avanza la relación con Costa Rica, donde una alianza con organizaciones de San Carlos contempla procesos formativos, artísticos y comunitarios. Carolina proyecta una edición costarricense para 2028 y anuncia para 2027 una nueva versión en Puerto Montt y una temática Chile–Costa Rica en Puerto Varas.
«Este año 2026 estamos con una situación un poco ambigua, como les contaba, pero el 2027 estamos claros».
«Nos merecemos un piso»
Al evaluar lo construido, Carolina menciona herramientas que, según explica, permiten conocer los efectos del trabajo.
«Tenemos una medición de impacto con Carnaval del Sur, tenemos una teoría de cambio, tenemos matrices de marco lógico, tenemos un estudio de impacto de la Universidad Austral».
Su demanda de estabilidad se relaciona con la posibilidad de sostener la formación, contratar artistas y ampliar la participación.
«Mi trabajo en el Ministerio de la Cultura hizo que yo pueda estudiar la administración y ver qué le faltaba al ministerio para poder hacer proyectos que fueran mucho más emblemáticos y que impactaran a la gente, que generáramos contratación de artistas, participación ciudadana, todo lo que busca la política cultural, eso es Carnaval del Sur».
«Son muchas organizaciones, hay mucha gente que necesita, hay que darle oportunidad a los que están partiendo, pero yo creo que los que estamos consagrados nos merecemos un piso».
Por ahora, la apertura masiva del cerro Philippi sigue sujeta a las gestiones económicas. La proyección fuera de Chile convive con esa incertidumbre local.
«Aquí hay una impronta y personas anónimas que nadie se imagina que ayudan a Carnaval del Sur, no necesariamente con recursos, pero con gestión, con contactos, con cosas que hacen que Carnaval del Sur trascienda fuera de esta región».
«Sería muy triste que se pierda Carnaval del Sur en el sur de Chile y que lo veamos en otro país».
En la Sesión Plenaria N.º 20 del Consejo Regional, presidida por el gobernador Alejandro Santana, se aprobaron $10 millones del Fondo Comunidad para la Fundación Carnaval del Sur. La cuenta de instagram de Carnaval del Sur comentó: “Este fondo es para reponer lo que se perdió el 2025 y contratar una sicologa para los niños que vienen de residencias . Realizar una diplomacion”

La entrevista completa en el link:
