Alcohol y otras drogas en Los Lagos: lo que las cifras de consumo no cuentan

Menos estudiantes de educación superior declaran beber, pero entre quienes lo hacen aumenta la embriaguez. Maritza Canobra, directora regional de SENDA Los Lagos, examina las dificultades para prevenir el consumo problemático en una comunidad donde el alcohol sigue ocupando un lugar habitual en las celebraciones y pedir ayuda puede provocar vergüenza.

Ellos cuando tienen su alta terapéutica no hablan de la droga, dicen: “Ahora sí que me siento querido’”.

Maritza Canobra recuerda así las ceremonias en que adolescentes terminan sus tratamientos. Llegan sus familias y cuentan qué cambió. En esos relatos, dice la directora regional de SENDA Los Lagos, aparecen soledades, dolores ydificultades para encontrar un lugar entre otros.

La escena abre una pregunta que atraviesa su conversación con el programa Puertos: ¿qué queda fuera cuando el consumode alcohol y otras drogas se examina solamente a través de cifras o controles policiales? Su respuesta apunta a los vínculos familiares, al ejemplo de los adultos y a las condiciones que permiten pedir ayuda.

 

 

Menos personas beben, pero eso no cuenta toda la historia

El Tercer Estudio de Drogas en Educación Superior de SENDA muestra una tensión en Los Lagos. Entre 2021 y 2025, el consumo de alcohol durante el último mes bajó del 57,3% al 44,2%. Sin embargo, entre quienes habían bebido, la proporción que declaró al menos un episodio de embriaguez pasó del 57,3% al 63%.

La distinción importa: ese 63% corresponde a quienes consumieron alcohol, no al conjunto de estudiantes. Ladisminución del consumo declarado convive con una mayor proporción de episodios de embriaguez dentro de ese grupo.

La medición en población general también registró una caída del consumo, acompañada de una menor percepción de riesgo ante la ingesta de cinco o más tragos al día. Para Maritza Canobra, ese cambio tiene consecuencias concretas.

“Es decir, la gente considera que no es tan riesgoso y cuando la gente considera que no es tan riesgoso, aparecen las conductas temerarias”.

Conducir o entrar al agua después de beber son ejemplos que menciona. El problema, por tanto, incluye tanto el consumosostenido como el daño que puede producirse en una sola ocasión, incluso a otras personas.

La conversación que falta

Cuando habla de adolescentes, Maritza Canobra cuestiona una respuesta frecuente: solicitar una charla cuando el problema ya se hizo visible. La prevención, sostiene, necesita continuidad y una relación que permita contar lo que ocurre.

Al describir los casos que llegan a tratamiento, señala: “Siempre partieron por un consumo exploratorio, pero no tuvieron nadie a quién contar, contarle esto, a quién pedirle ayuda”.

Según los antecedentes regionales que cita en la entrevista, alrededor de un tercio de los adolescentes reconoce dificultades para conversar con sus padres. Esa información no explica por sí sola el consumo, pero ayuda a entender por qué advertir sobre las sustancias puede resultar insuficiente.

“Cuando tus hijos llegan del colegio, no puedes preguntarles: ‘¿Cómo te fue? ¿Tienes tarea para mañana? ¿Te entregaron alguna nota?’. Porque eso no habla de lo que le está pasando emocionalmente a los niños”.

Una familia puede conocer las calificaciones de un adolescente y desconocer sus preocupaciones. La Encuesta Juventud y Bienestar de SENDA amplía precisamente la mirada hacia la familia, la escuela, los amigos y el tiempo libre: los espacios donde se construyen apoyos o se acumulan dificultades.

Maritza Canobra también observa lo que los adultos enseñan mediante sus propias prácticas. Preparar un “terremoto” sin alcohol para niños o permitir que un adolescente beba en casa puede transmitir que el alcohol forma parte de celebrar y pertenecer al grupo.

“Lo único que no ha cambiado es que los adultos somos un referente para los niños”.

Acompañar, aclara, también supone establecer reglas.

“Esto es poner límites, pero es poner límites con cariño y con calidez, con acompañamiento, con ponerte en el lugar del otro, con saber lo que significa la dificultad de encajar”.

Sustancias que los adultos no siempre conocen

La entrevista aborda además un escenario cambiante, en el que el nombre de una sustancia no garantiza conocer su composición.

“Se generan nuevas mezclas, se generan nuevas sustancias, cambian las formas de relacionarnos, cambian los carretes también”.

Martiza Canobra explica que, durante el tratamiento, los equipos pueden encontrar exposiciones más complejas que las declaradas por la persona. La investigación aporta un antecedente: un estudio del Instituto de Salud Pública y SENDA, difundido en enero de 2026, encontró adulterantes en la mayoría de las muestras de ketamina incautada que analizó. El hallazgo corresponde a esas muestras, no a todas las sustancias que circulan en el país.

La incertidumbre sobre lo que se consume dificulta anticipar efectos y responder ante una intoxicación. El Sistema de Alerta Temprana de Drogas reúne información sobre sustancias y fenómenos emergentes para advertir esos cambios.

El problema incluye también medicamentos utilizados sin receta, cuyo consumo aparece en los estudios de escolares y de educación superior. Martiza vincula esta preocupación con el estrés académico y con la necesidad de trabajar junto a las instituciones educativas. Entretanto, el conocimiento de los adultos puede quedar atrás

 

 

No investigamos tanto sobre el vaper, no investigamos tanto sobre el tusi”.

Actualizar esa información es parte del acompañamiento: permite reconocer situaciones nuevas y conversar sobre ellas antes de que una crisis obligue a intervenir.

Pedir ayuda sin quedar fuera

Al volver sobre las ceremonias de alta, Maritza Canobra insiste en que el tratamiento también involucra a quienes rodean a la persona.

“Porque el trabajo que nosotros hacemos es con la persona que tiene una adicción, pero con el entorno, porque finalmente esta persona tiene que retornar a su entorno y el entorno tiene que estar preparado para recibirlo”.

Algunas familias llegan convencidas de haber proporcionado todo lo necesario. Durante el proceso reconocen necesidades que no eran materiales.“Bueno, pero quizás faltaron conversaciones”, resume.

La vergüenza agrega otra barrera. Asociar automáticamente el consumo con la delincuencia o pedir que un adolescente sea excluido del colegio puede debilitar los vínculos que facilitarían su recuperación.

“Cuando generamos estigmatización la persona que tiene un consumo no va a pedir ayuda, se va a aislar mucho más”.

 

También cuestiona la creencia de que todo tratamiento exige internación. Existen alternativas ambulatorias que permiten continuar trabajando o estudiando, con seguimiento y participación de la familia.

Durante el embarazo, la acogida adquiere especial importancia. La agenda regional de SENDA recogió el antecedente de 32 recién nacidos con síndrome de abstinencia en 2024, que motivó acciones con atención primaria para mejorar la detección y derivación. Según Maritza Canobra, eltemor a ser juzgada, la falta de apoyo y el cuidado de los hijos pueden dificultar el acceso al tratamiento. Detectar el consumo requiere que lamujer pueda hablar de él y encontrar una respuesta de atención.

Las decisiones que rodean una fiesta

La prevención también se juega en la organización de las celebraciones: cuántos puestos venden alcohol, qué horarios tienen y qué espacios se reservan para niños y familias. Martiza señala que SENDA ha impulsado ordenanzas municipales para abordar esas decisiones.

Una experiencia en una fiesta costumbrista muestra el sentido de ese trabajo.

Había muchos puestos de venta de alcohol y había un puesto que tenía juegos para niños y el juego era una ruleta para niños y el premio era alcohol”.

La escena permite observar cómo una actividad familiar puede incorporar el alcohol incluso en los juegos infantiles. Para la directora, organizar una celebración exige asumir esa responsabilidad desde el comienzo.

“Esto no puede ser que hagamos una fiesta hasta las 5 de la mañana y todo va a depender de si hay carabineros o no hay carabineros. Tiene que ver con las propias decisiones”.

La misma tensión aparece cuando se pide fiscalización y, a la vez, se avisa la ubicación de los controles para eludirlos. La campaña “Yo no aviso” busca intervenir en esa conducta: el control pierde alcance si la propia comunidad facilita que lo eviten quienes podrían poner a otros en riesgo.

Dónde pedir orientación: el Fono Drogas y Alcohol de SENDA es el 1412, gratuito, confidencial y disponible las 24 horas, todos los días.

 

 

Las cifras permiten dimensionar el consumo, pero la entrevista desplaza la atención hacia lo que ocurre alrededor: un adolescente que no encuentra a quién contarle algo, una persona que teme consultar o una celebración que enseña a los niños qué significa divertirse. Allí se define una parte de la prevención que continúa cuando termina la campaña.

“Hay algo que es muy simple, que no cuesta un solo peso, que es conversar. Y por lo tanto, en la conversación nos podemos encontrar, nos podemos acompañar, podemos entender al otro y podemos empezar a generar estos cambios”.

 

 

Entrevista completa acá, programa emitido en vivo desde el Hotel Wyndham Pettra

https://www.youtube.com/live/NV0LQtFfeYw?si=cn3NZmJlVBYLuUSC